Adiós, querido esposo
¿Segura de que no quieres volver a mí?
Ella frunció el ceño, y apretó la mandíbula, conteniendo la rabia
—¡He dicho que no quiero ser tu esposa, ni tu amante, punto y final!
Él sonrió, pero aún pudo ver algo de tristeza en su rostro.
—Si es tú última palabra, será como lo quieras, adiós, querida ex esposa —dijo y se levantó, yéndose por el balcón y cerrando la ventana.