Una misión para recordar
—Dime, mi fierecilla.
—Una misión me trajo hasta aquí, conocí el amor verdadero con un vaquero engreído, bestia, un poco ogro —sonrío—, con el que anhelo pasar el resto de mi vida —dejo un pequeño beso sobre sus labios—. En el camino tuvimos tropiezos, perdí la memoria —llevo mi mano a la cabeza—. Pero mi corazón se mantuvo intacto —tomo su mano apoyándola sobre mi pecho—. Era el que me recordaba, día tras día, que latía por ti y para ti, nunca dudé de eso, ¿sientes lo que provocas? —pregunto ya que mi corazón está a punto de salirse de mi pecho y asiente—. Tu amor, tu cariño, me enseñaron que el corazón puede más que la razón, que el amor verdadero se siente en la piel, en el pecho, en el a