El regreso de la amante despreciada
Gabriel
Salgo de casa tan pronto como puedo.
No consigo sacarme de la cabeza la imagen que me recibió al despertar: el rostro de felicidad de Emma, yo desnudo, la cama hecha un desastre y ella diciendo que no hemos perdido la chispa.
¡¿Cuál chispa, joder?!
Intento recordar algo de anoche, lo que sea, pero mi último recuerdo está en que llegamos a la habitación, yo más mareado de lo normal, y ella besándome, más nada. No puedo creer que haya cometido un error como este.