Entre Traición y Venganza
Esa misma jornada recibí la indemnización por la planificación de proyectos de la empresa de Andrés, y Sofía y yo nos dimos un gran gusto comprando en el centro comercial.
Después de tanta agitación emocional, comprendí que ya no dependería de nadie más. Dediqué todo mi ser a mi carrera.
Gracias a mi talento y esfuerzo, las oportunidades comenzaron a llover, y mi vida profesional se disparó como un cohete.
Andrés viajaba de vez en cuando a Francia para visitarnos, siempre trayendo montones de regalos para Sofía.
Con el tiempo, gracias a su constancia, la actitud de mi hija se suavizó y, al menos, aceptaba hablarle un poco.