Renací para destruir el trono de mi hermana
Jamás me imaginé que, por un golpe del destino, terminaría encontrándome con él: un hombre inconsciente, tirado entre las raíces de los árboles, sangrando después de una emboscada de sus enemigos.
Al principio, mi intención era otra. Solo quería aprovecharme de la situación: usar mi energía de bruja para sanarlo y, ya que lo tenía ahí, tan vulnerable y hermoso, calmar de paso ese instinto salvaje que me quemaba por dentro.
Pero en cuanto abrió los ojos, lo primero que hizo fue quitarse un anillo con el sello real y ponérmelo en el dedo.
Me dijo que era príncipe de la estirpe más antigua de la Sangre. Ahí mismo, a través del vínculo, juró que yo sería su compañera.