Tempestad
Su cabello negro bajaba en mechones ondulados hacia sus hombros, sus labios, pintados del mismo color que su vestido eran carnosos y muy brillosos, seguro era el centro de atención de los hombres de visitaban ese lugar y por supuesto lo que llamaba más la atención eran sus pechos voluptuosos y firmes al punto de poder notarse ligeramente sus pezones.
—¿Qué sucede, Rosa? — pregunto la mujer frente a mí al parecer un poco angustiada por la forma en como Rosa se dirigió a ella.
—Le dije que mi cliente requería un vino fino, no este jugo barato lleno de alcohol que me mandaron— se quejó dejando sobre la mesa el motivo de su enfado, una botella de color verde y etiqueta blanca.
—Discúlpame rosa,