MIA POR DEUDA
Un destello de recuerdo cruzó su rostro, un flashback que la sacudió visiblemente.
“La habitación olía a flores muertas y sándalo. Rosa, pálida y con los labios agrietados, apretaba ese mismo relicario contra su pecho. Arthur gritaba en el pasillo, pero ella no lo escuchaba. Rosa miraba una foto vieja que escondía bajo la almohada, una foto de un hombre de ojos oscuros que no era su marido. “Perdóname, Enzo”, susurró ella antes de que la tos la consumiera.”
Elena abrió los ojos, jadeando como si acabara de salir del agua. Me miró con un horror nuevo, una comprensión que nos convertía en algo más que enemigos.