Espina de Rosas
Cariño—digo pasando mis manos por su espalada—Me hice una prueba esta mañana y ¿Adivina quién le atino a la diana por segunda vez?
—¡Joder! —dice antes de que le entre una risa nerviosa. La cual yo imito.
—Gracias, por tanto—susurra pegado a mis labios.
—Gracias a ti, por no rendirte conmigo—replico.
Entendí que, en esta vida, no hay rosas sin espinas. Sencillamente, no podemos alcanzar la plenitud sin obstáculos. Las espinas de las rosas nos harán daño. Pero, el resultado final será satisfactorio. Tener en nuestras manos, algo precioso.