Robado y convertido en Príncipe
Fui feliz allá los primeros años de matrimonio.
—¿El Príncipe y tú se amaban?
Ella sonrió a la vez que sus ojos se apagaron por la tristeza.
—Sí, nos amábamos, pensé que era la princesa más afortunada del mundo, siempre había oído decir que los príncipes se casaban sin amor, pero Arturo y yo éramos lo contrario, nos conocimos cuando yo tenía 15 años, desde ese día no hacía más que soñar con casarme con él, lo veía tan apuesto, tan caballero, tenía la sonrisa más maravillosa que cualquier chica podía apreciar en un hombre, yo vivía en Inglaterra y él aquí en Chicago, un día me llegó una carta, pensé que era de mi tía Eleonor, me sorprendí mucho cuando vi el remitente, era una carta de Arturo,