La Maldición Gibson: Parí 3 Lobos
Un sorbo, y el ritual quedaría completo.
Pero justo cuando el borde rozó mi boca, una alarma brutal partió la paz en dos.
—¡Se acercan enemigos! ¡Estamos bajo ataque!
El grito del vigía cortó el aire, urgente, helado. En un parpadeo, la serenidad se evaporó, reemplazada por sombras que se colaron en nuestras tierras bajo el amparo de la oscuridad.
Eran vampiros; eran puro movimiento, un borrón frenético, mordiendo a lo loco. Su líder, encaramado en lo alto, rugió con una mueca de burla: