Me Robaste el Corazón
Al día siguiente
El beso fue mucho más que un simple roce de labios; fue el inicio de un viaje al placer y a la entrega, la fusión de dos almas heridas que se buscaban con urgencia, con esa necesidad desesperada de sanar, de dejar atrás el peso que las aplastaba. En ese instante, todo parecía detenerse. Y ahora, aquí está ella, aún desnuda, recostada sobre mi pecho. Siento el calor de su cuerpo, su respiración suave contra mi piel, y el aroma de su piel mezclado con su cabello revuelto esparcido sobre la almohada. No dejo de pensar que es casi un milagro tenerla tan cerca, sentirla tan mía, como si la vida finalmente me diera una tregua.