Planos de Venganza
Él le rozó la mejilla con los nudillos, le sostuvo el rostro con ambas manos, y cuando sus labios se encontraron, el mundo entero se volvió silencioso.
No fue un beso de ceremonia .Ni un gesto decorativo.
Fue un beso de amor sobreviviente.De fuego que no se apagó.
De heridas que cicatrizaron juntas.
Fue largo, suave, sincero y fue la promesa sellada.
Fue el abrazo de dos caminos que por fin se cruzaban sin miedo.
Alejandra se aferró a su cintura. Y Damián supo, en ese instante, que el universo entero había valido la pena por ese solo segundo.