Infierno
Nunca se imaginó que aquella acción tan sucia y morbosa fuese tan placentera e hiciera que el calor apareciera nuevamente en su ser como una fuerte llamarada.
Cada suave lamida agudizaba un violento palpitar entre sus piernas, intensificando un calor que ya no podía soportar un segundo más. Estaba agotada, jadeante, con los ojos llorosos de tanto deseo y la voz enroquecida, aún así, movía el cuerpo para generar mayor fricción con su boca, porque su interior aclamaba un toque más profundo. Las cosquillas eran intensas y ella necesitaba ser rascada.