El juego del destino
Sus bocas estaban unidas en un beso que ahora era lento, exhausto, lleno de una comprensión amarga.
Harper no lo estaba besando solo a él, estaba besando al Patricio, al Guerrero y al Noble Celoso. Estaba besando tres vidas de dolor y tres de amor.
Las manos de Damon se deslizaron hacia las caderas, con el peso de su cuerpo sobre ella, él no era gentil. Su necesidad era urgente, alimentada por el miedo de perderla de nuevo, por el pánico que había sentido cuando los Leoni intentaron quitársela, y por la presión de todos los juramentos kármicos.