Mi Secreto es Amarte
Las manos de Fabiola se encuentran aferradas en sus hombros mientras cabalga encima de él, baila en círculos, despega y aterriza, teniendo un orgasmo tras otro mientras Diego hace todo lo posible para durar una eternidad, su eternidad.
Bañados en sudor, agitados y cansados, Diego la recuesta sobre la cama, y volviendo a tumbarse sobre ella, sigue besándola, moviendo sus caderas en embestidas lentas dentro de ella, sabiendo que pronto explotará.
—Te amo —susurra ella, cuando sus narices se acarician como una suave brisa—. Te amé, te amo, y siempre te amaré. Ese es mi más grande secreto, Diego.