El rey Lycan arrepentido y su Omega rota
El Lobo Negro se lanzó hacia la nada, pero desapareció con ella, como un espectro que se fundía con la oscuridad.
En ese momento, un estruendo retumbó en los pasillos. El ejército de Calen llegó, justo cuando todo parecía perdido. Alexander apareció como un huracán entre las sombras, abriéndose paso entre los enemigos con una furia que no dejaba dudas, por algo era la mano derecha de Calen y su beta, nadie podía igualar su destreza en combate.