Un Trato Con El Pecado
El hombre que ella recordaba, el que le juró que serían un equipo para siempre mientras compartían cafés baratos en salas de espera de aeropuertos, parecía haber sido reemplazado por un extraño de facciones duras y corazón de piedra.
Asley miró la cena. El salmón que había cocinado con tanto esmero empezaba a soltar un vapor que ahora le resultaba nauseabundo. Las velas, que ella había encendido para crear una atmósfera de intimidad, proyectaban sombras alargadas que parecían burlarse de ella.
"¿Cómo es posible?", pensó, mientras el frío empezaba a recorrerle la columna vertebral. "¿Cómo se puede deshacer una vida de diez años en diez segundos?".