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Mi Alfa Apostó a Que Volvería Arrastrándome en Tres Días

Mi Alfa Apostó a Que Volvería Arrastrándome en Tres Días

La noche de nuestro octavo aniversario, preparé todo lo que a Ethan le gustaba. No regresó. Me quedé sola frente a la mesa… hasta que la comida se enfrió. Al final, hice lo de siempre. Abrí la red de la manada… y busqué el perfil de Selene. Nueva publicación. De hacía una hora. Una foto de Ethan, sin camisa, encendiendo una fogata en su guarida. La mano de ella apoyada en su hombro. Su rostro vuelto hacia la cámara, con una sonrisa demasiado amplia… casi afilada. El pie de foto decía: "Gracias a los viejos amigos que lo dejan todo cuando los necesitas. Incluso sus aniversarios de marcaje." Me quedé mirándolo hasta que los ojos me ardieron. Entonces le di "me gusta". Presenté la solicitud de disolución del vínculo. Y empecé a empacar el baúl que llevaba meses listo. Ethan no lo creyó cuando se enteró. —Está haciendo un drama —lo escuché decirles a sus compañeros de manada—. —Dénle tres días. —Con solo mover un dedo, volverá corriendo. —Siempre lo hace. Lo que él no entendía era por qué siempre volvía. Era porque lo amaba. Pero eso ya había muerto.
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EL ALPHA DESPIADADO Y SU NOVIA MARCADA

EL ALPHA DESPIADADO Y SU NOVIA MARCADA

Atrapé a mi novio en la cama con mi hermana la noche en que se suponía que me marcaría. Cinco años. Desaparecidos en treinta segundos. Corrí hacia el bosque. Me estaba ahogando en el dolor, ardiendo de calor, y completamente sola. Un extraño me encontró en la oscuridad. Enorme. Peligroso. Ojos como oro fundido. Me marcó antes de que cualquiera de los dos pudiera pensar con claridad, y cuando desperté, él ya se había ido. Ahora mi manada me llama arruinada. Mi padre me da treinta días para encontrar un esposo o enfrentar el exilio. El único lobo dispuesto a aceptarme es el Alfa más temido del continente. Frío. Despiadado. Del que se rumorea que masacró a una manada entera con sus propias manos. Me mira como si yo no fuera nada. Pero sus ojos son dorados. Exactamente el mismo dorado que el extraño que me marcó en la oscuridad. Exactamente el mismo dorado que me persigue en los sueños. Él sabe quién soy. Él sabe lo que pasó en el bosque. Entonces, ¿por qué está fingiendo que nunca nos hemos conocido?
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Tras el divorcio, los gemelos se arrepintieron

Tras el divorcio, los gemelos se arrepintieron

Mi mejor amiga y yo nos casamos el mismo día con los hermanos Alcázar. Por coincidencia, incluso quedamos embarazadas al mismo tiempo. Yo me casé con el hermano mayor, un reconocido psicólogo; ella, con su hermano menor, un prodigio de la medicina. Debido a las molestias del embarazo, Sebastián decidió manejar y llevarme para realizarme un chequeo prenatal. Pero a mitad del camino, una sola llamada de su ex, la mujer que nunca superó, bastó para que cambiara de rumbo y me dejara atrás. Llorando, me aferré a su brazo. —Sebastián, te lo suplico… afuera está lloviendo a cántaros. ¿Puedes llevarme primero al hospital? Él apartó mi mano con impaciencia. —Ella se cortó la muñeca. ¡Podría morir! ¿Puedes dejar de ser tan inmadura? Tengo que ir a vendarla. Tú puedes ir sola al hospital. La lluvia caía como si el cielo se estuviera rompiendo. Y Sebastián me dejó sola en plena carretera. No tuve más opción que llamar a mi mejor amiga para que viniera por mí. Nunca imaginamos que, en el camino, un enorme camión de carga se lanzaría directo contra nosotras. Mientras perdía el conocimiento, la escuché llorando, llamando a su esposo… Pero lo único que recibió fueron reproches. —No inventes tonterías, Elena. Solo porque estoy acompañando a Daniela, ¿ahora vas a mentir sobre un accidente? Al final, fueron unos desconocidos que iban pasando quienes llamaron a la ambulancia. Gracias a ellos, sobrevivimos, pero las dos perdimos a nuestros bebés. Cuando despertamos en el hospital, nos miramos y sonreímos amargamente. —¿Te vas a divorciar? —Sí.
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Aprobó El Examen Sentada En Mis Piernas

Aprobó El Examen Sentada En Mis Piernas

—Señor instructor, ¿qué es eso duro que siento ahí abajo? En la escuela de manejo, dentro del Instituto de Artes de San Pedro, estaba dándole clases a una alumna de primer año bastante atractiva. Nunca me imaginé que esa chica, que a primera vista parecía ingenua, vendría vestida de manera tan provocativa e insistiría en sentarse sobre mis piernas para que le enseñara a manejar “mano a mano”. Durante todo el trayecto, tuve que resistir mis impulsos y concentrarme en enseñarle bien, ignorando a propósito cómo se frotaba contra mí, a veces sin querer y otras no tanto. Pero quién iba a decir que soltaría el embrague demasiado rápido. El motor se apagó y dio una sacudida. Ella cayó de sentón entre mis piernas. El impacto se sintió en su zona más íntima. Y lo único que traía puesto era una faldita corta y ropa interior de tela muy delgada.
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Luna de Miel: el Precio del Esposo

Luna de Miel: el Precio del Esposo

Mi esposo, Alejandro Montoya, el presidente del grupo, creyó que los tres meses de frialdad calculada que, por iniciativa propia, me impuso finalmente habían dado resultado, cuando se enteró de que yo había cedido voluntariamente un proyecto millonario a su asistente favorita. Convencido de que ya me había “domado”, propuso llevarme a Nordella para nuestra luna de miel. Pero cuando Sofía Vega, la asistente a la que más consentía, se enteró, los celos la desbordaron y armó un escándalo, amenazando con renunciar a la empresa. Mi esposo, que siempre la había consentido, entró en pánico. Después de pasar tres días y tres noches atendiendo sus caprichos, usó un viaje de negocios como excusa para cancelar nuevamente nuestra luna de miel y entregarle el otro boleto a Sofía. Mas tarde, me explicó todo con total indiferencia. —El amor y los sentimientos son cosas sin importancia, lo importante es el trabajo. Como jefe, debo poner a la empresa en primer lugar. Tú eres mi esposa, deberías apoyarme, ¿no? Miré el celular, en el último estado de Sofía, aparecía una foto de ambos, con las cabezas juntas y las manos formando un corazón, como una pareja enamorada. No dije nada, solo asentí. Alejandro creyó que me había vuelto comprensiva y madura. Quedó muy satisfecho e incluso prometió que, al regresar al país, me compensaría con una luna de miel aún más romántica. Lo que no sabía era que yo ya había presentado mi renuncia. Y que él mismo había firmado, hacía tiempo, el acuerdo de divorcio. Entre él y yo, ya no existía ningún futuro.
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Me Robaron el Corazón y la Vida

Me Robaron el Corazón y la Vida

El corazón compatible que llevaba dos años esperando terminó en manos de Alicia García porque mi esposo, Alejandro Guerra, decidió dárselo. El médico me dijo que apenas me quedaba una semana de vida. Así que tomé una decisión: someterme a criopreservación. Dejé establecido que, cuando muriera, mi cuerpo fuera donado al proyecto de investigación de Alicia. El día que firmé la autorización de donación, mi hijo, Enrique Guerra, se lanzó a mis brazos y dijo: —Por fin tú y Alicia hicieron las paces, mamá. Mis padres me felicitaron por haber entendido al fin que entre hermanas había que quererse y apoyarse. Alejandro, aliviado, dijo que por fin había dejado atrás el rencor y había entrado en razón. Yo apenas sonreí. Sí, esta vez sí había aprendido la lección. Iba a devolverle a Alicia mi lugar como hija de la familia García y darles a todos exactamente lo que querían.
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El Precio De Salvar A Mis Verdugos

El Precio De Salvar A Mis Verdugos

Para salvar a los tres lobos más importantes de mi vida, mi hermano, mi prometido y mi mejor amigo, hice un trato con la Diosa de la Luna. Cambié mi vida por la de ellos. Si lograba que cualquiera de ellos me quisiera realmente en un plazo de cinco años, podría seguir viviendo. Pero en el último día de la cuenta regresiva, los tres seguían sintiendo rechazo hacia mí. Según las reglas, había fracasado. Mi vida estaba a punto de ser borrada. —¿Podría enviar un último mensaje? ¿Un intento final? Quizá por lástima, la Diosa me concedió esta última oportunidad. Ese mensaje era mi última carta. Presioné el botón de audio en nuestro chat grupal, luchando para mantener la voz firme. —¿Podrían quererme aunque sea un poco? En serio, me voy a morir. Después de un momento de silencio, se escucharon sus risas crueles. “Harías lo que fuera para competir con Lidia por atención, ¿verdad?” “Déjate de mentiras. Esto solo hace que te odiemos más.” “Si estás tan desesperada por morirte, pues hazlo de una vez.” Misión fallida. Les di exactamente lo que querían. Pero cuando estuve a punto de morir, todos entraron en pánico.
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¿El precio de no elegirme? ¡Su locura!

¿El precio de no elegirme? ¡Su locura!

El día del divorcio, solo me llevé la ropa de la boda. La casa, el auto, el dinero, las hijas... todo se lo dejé a mi esposo, Daniel Vegas. Él me miró con sorpresa y esbozó una sonrisa burlona: —¿Estás segura? Criaste a las tres niñas con tus propias manos, ¿tampoco las quieres? —Si de verdad no quieres nada, tampoco te pediré la pensión alimenticia. Así será justo. Firmé rápido los documentos del divorcio y dije con tono sereno: —Sí, muy justo. Daniel dudó un momento antes de estampar lentamente su firma. —Si te arrepientes, puedes... Interrumpí su frase con un gesto de la mano y me fui sin volver la mirada. Daniel siempre decía que me casé con él por dinero e influencia, e incluso intentó atarlo a través de los hijos. Pero ya no importaba. Cuando al fin viera mi cadáver, lo entendería.
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Vendió el diamante y él la premió

Vendió el diamante y él la premió

Durante el mayor evento de ofertas del año, la asistente “inocente” de mi prometido vendió un diamante de un quilate por un solo centavo. En apenas veinte minutos, la empresa perdió doscientos millones. Yo temblaba de la rabia, pero Alejandro me sostuvo entre sus brazos para calmarme: —No te preocupes, déjamelo a mí. Esa misma noche, Luciana publicó en redes una transferencia de más de un millón, la cual venía acompañada con un mensaje apenas perceptible, ’para toda la vida’. Junto a la foto ella escribió: [Hoy cometí un gran error, pero mi jefe me consoló. Incluso me pidió que no discutiera con esa bruja loca, y que me portara bien.] Yo no me contuve y le comenté la publicación: [Qué bonito, que les dure para siempre.] Luciana borró la publicación al instante. Minutos después, Alejandro irrumpió en la habitación y me dio una bofetada. —¿Qué intentas al darle “me gusta” a la publicación de Lucy? ¡Ahora se siente tan mal que incluso quiere suicidarse! Solo se perdieron doscientos millones, ¿de verdad tenías que empujarla hasta ese punto? Hablaba con total seguridad, como si tuviera toda la razón. Sin embargo, más tarde cuando ni siquiera podía pagar veinte pesos para comer, ¿por qué terminó llorando?
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Mi Esposo La Eligió a Ella... Así Que Me Salvé Yo

Mi Esposo La Eligió a Ella... Así Que Me Salvé Yo

En mi vida pasada, fui la única hija de la familia Gambino en Nueva York. Tenía poder, dinero y respeto. Todo el mundo conocía mi nombre. Hasta que lo perdí todo por culpa de Lucas, mi esposo. Sin siquiera preguntarme, llevó a Isabella —la viuda de su hermano fallecido— a vivir con nosotros. Yo exploté. Hice escándalos, perdí el control y terminé dándoles a todos exactamente la historia que querían escuchar: la mimada princesa de los Gambino finalmente se había vuelto loca. Poco después, Lucas pidió el divorcio. No le rogué que se quedara. Yo era la hija de Leo Gambino. Preferiría romperme mis propios dientes antes que suplicarle a un hombre que ya había elegido a otra mujer. Pero el orgullo no me salvó. Nuestra familia cayó en desgracia. Los enemigos comenzaron a acercarse, mi padre fue asesinado y yo terminé muriéndome de hambre en las calles de Nueva York. Mientras tanto, Lucas escaló hasta la cima usando la influencia de mi familia y terminó convirtiéndose en el nuevo don de Nueva York. Y entonces... abrí los ojos otra vez. Había regresado al día en que Lucas llevó a Isabella a casa por primera vez.
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