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El amor que ya no vuelve

El amor que ya no vuelve

Regresé a ese momento de mi vida en que mi tío político —con quien no tengo lazos de sangre— había sido drogado con esa droga afrodisíaca. Pero esta vez, no me convertí en su “antídoto”. En lugar de eso, marqué el número de la mujer que él realmente amaba. En mi vida anterior, me enamoré perdidamente de él. Cuando supe que había sido drogado, ignoré su súplica de llamar a su gran amor… y fui yo quien calmó su deseo. Un mes después, quedé accidentalmente embarazada. Por lo que él se vio obligado a casarse conmigo, pero el día de la ceremonia de nuestra boda, su amada —que había viajado al extranjero para olvidar su dolor— fue secuestrada y asesinada. Antes de morir, le hizo ciento noventa y nueve llamadas pidiendo ayuda. Él, que estaba ocupado cumpliendo con la boda, no contestó ninguna. Después… solo se quedó mirando aquellas llamadas perdidas, sin decir una palabra. Hasta que, el día que tenía que dar a luz, me encerró en el sótano. Le rogué que me llevara al hospital. Pero él solo sonrió, con esa frialdad que jamás olvidaré, mientras me veía morir lentamente, sin poder traer al mundo a nuestro hijo. Sus últimas palabras antes de que cerrara los ojos y muriera fueron: —Si no hubieras quedado embarazada, nunca me habrían obligado a casarme contigo. Si no fuera por ti, habría contestado las llamadas de Luz y, ella no habría terminado así. Tú… mereces morir. Y entonces, volví a abrir los ojos. Era ese mismo día, el día en que él había sido drogado con ese medicamento afrodisíaco.
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Bajo la lluvia de Nueva York

Bajo la lluvia de Nueva York

Durante el banquete de la familia Colonetti en Nueva York, me encontré de pie en el centro del gran salón junto a más de una docena de jóvenes de distintos clanes. Todas esperábamos lo mismo: ser la elegida. Esa noche, Víctor, el heredero de los Colonetti, debía anunciar a su prometida y entregarle la reliquia de la familia: un prendedor de lirio. Como hija ilegítima, yo sabía muy bien lo que se jugaba en ese instante; si ese prendedor no terminaba en mis manos, mi destino ya estaba escrito: me enviarían a Chicago para un matrimonio arreglado. Pero Víctor, el mismo hombre que una vez me prometió una vida juntos, cambió de opinión sin previo aviso. Con una sonrisa cínica, colocó el prendedor de lirio en el vestido de la mujer que estaba a mi lado. Luego, se inclinó hacia mi oído y susurró: «Deja que tu hermana Emily tenga su momento hoy. Ella también es una hija ilegítima como tú y jamás la han valorado. No te preocupes; mientras yo esté aquí, nadie te obligará a casarte por contrato». Aunque lo miré con ojos suplicantes, él me ignoró, estiró el brazo y dejó que Emily se colgara de él. —Emily es dulce y compasiva —declaró ante todos—. Ella se merece el prendedor de lirio. Esas palabras —dulce y compasiva— me convirtieron en el hazmerreír de toda la noche. Al día siguiente, abordé un vuelo a Chicago dispuesta a desaparecer, pero entonces Víctor entró en pánico. Movió todas sus influencias y, en un acto de locura, ordenó cancelar cada vuelo que tuviera como destino Chicago.
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Protegió a la asesina de mi hermana

Protegió a la asesina de mi hermana

Mi hermana, Lily, fue despedazada por renegados. Lloré desconsoladamente, suplicándole a mi compañero destinado, el Alfa Ethan, que encontrara a sus asesinos. Nunca lo hizo. Un año después, en el aniversario de su muerte. Fui a buscar a Ethan, lista para decirle que estaba embarazada. En su lugar, lo encontré sosteniendo a otra Omega, Bella, en sus brazos. —No te preocupes —la consolaba él—. Nadie se enterará de que quitaste el escudo mental de la manada y provocaste la muerte de Lily. Una vez que Harper renuncie a su título de Luna en la ceremonia, tú serás mi única y verdadera compañera. Mi corazón se hizo añicos. Así que era eso. Nunca me marcó, nunca me rechazó… quería que yo renunciara por mi cuenta. Estaba protegiendo a la asesina de mi hermana. Quería convertirla en Luna. Entré furiosa, gritando, pero de repente Bella tosió sangre y se desplomó. Envenenamiento por acónito, afirmó ella. —¡La envenenaron para salvarme! ¡Dame la sangre de tu corazón! ¡Es lo único que puede salvarla! Ethan me miró con más asco como si yo fuera basura. —¡Estoy embarazada! ¡Eso matará al cachorro! —supliqué. Pero su Comando de Alfa cayó sobre mí. Mi cuerpo ya no me pertenecía. Solo pude observar cómo la gruesa aguja perforaba mi pecho, justo encima de mi corazón. Sangre dorada fluyó. Un dolor agudo y desgarrador atravesó mi vientre… Había matado a mi cachorro. Mi loba se hizo pedazos dentro de mí. Cerré los ojos, buscando una conexión prohibida en el mundo de los hombres lobo. —Rey Licántropo Rogan. Mañana necesito que me ayudes a destruir todo en la manada Bosque Negro. Incluyendo al Alfa Ethan.
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Sangre de un Linaje Ignorado

Sangre de un Linaje Ignorado

Era miembro de una unidad de investigación ultrasecreta. Por encargo de mi superior, debía entregarle un archivo a Celeste Judd, mi hermana. En el momento en que entré en la oficina de mi hermana, un pasante, Ethan Irwin, se interpuso rápidamente en mi camino. —¿Eres el nuevo asistente? Me miró de arriba a abajo y notó el sobre de documentos que llevaba en la mano. Acto seguido, soltó una fuerte carcajada. —¡Es tu primer día de trabajo y ya estás tratando de hacer puntos con la señora Judd! ¿Por qué no te miras al espejo para ver lo patético que eres? Solo entonces me di cuenta de que Ethan me había confundido con un rival amoroso. Pero el caso era que Celeste nunca me había dicho que tuviera novio. Estaba a punto de explicarle la verdad a Ethan cuando sentí que su puño se estrellaba contra mi cara. —¡Yo soy el único asistente que necesita la señora Judd! ¡Olvídate de ser su novio! —¡Pensar que a tu edad ya estás planeando convertirte en un mantenido y seducir a mujeres ricas! —exclamó Ethan mientras me jalaba del cabello y derramaba agua hirviendo sobre mi cara—. ¡Te voy a dar una lección en nombre de tus padres! Lo único que pude hacer fue acurrucarme en el suelo, hecho bolita. Con torpeza, usé mi cuerpo para proteger el sobre de documentos. Mis acciones enfurecieron a Ethan a más no poder. Me arrebató el archivo y lo hizo pedazos frente a toda la empresa. —¡Señora Judd, no cabe duda de que su nuevo asistente es un atrevido por intentar seducirla! —le dijo a Celeste en tono adulador—. ¡No se preocupe, porque ya le di una lección!
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En esta vida no tengo corazón para amar

En esta vida no tengo corazón para amar

La infancia de Adrián Rivas estuvo marcada por su primer amor. Pero cuando ella murió, él me odió durante diez largos años. Al día siguiente de nuestra boda, pidió ser enviado a una misión en la frontera. Durante una década le escribí incontables cartas, intentando acercarme una y otra vez… pero su respuesta siempre era la misma: —Si de verdad te sientes culpable… entonces muérete pronto. Hasta que un día fui secuestrada. Y él, solo y sin refuerzos, irrumpió en el escondite de los criminales para salvarme, recibiendo varias balas por mí. Antes de morir, con sus últimas fuerzas, me apartó bruscamente la mano y dijo: —Lo que más me arrepiento en esta vida… es haberte tomado por esposa. Si existiera otra vida… te ruego, no vuelvas a buscarme. En el funeral, la madre de Adrián lloraba de arrepentimiento. —Hijo mío, ha sido culpa mía… yo no debí obligarte. Su padre, lleno de odio, me gritó entre lágrimas: —Mataste a Clara, y ahora también a mi hijo. ¡Eres una desgraciada! ¿Porqué no te mueres tú también? Incluso el comandante, que insistió para que nos casáramos, bajó la cabeza con remordimiento. —Fue mi error, no debí separar a dos enamorados… Le fallé al camarada Adrián. Todos lamentaban la muerte de Adrián, incluyéndome a mí. Esa misma noche, fui expulsada del ejército y quedé sin ningún rumbo. En medio de la nada, en un campo solitario, bebí veneno y morí. Pero al abrir los ojos otra vez… regresé al día antes de nuestra boda. Esta vez, decidí cumplirles el deseo a todos.
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El Matrimonio Destinado a Otra

El Matrimonio Destinado a Otra

Mi esposo y yo éramos las dos almas que más se aborrecían en este mundo. Él me detestaba por haberlo arrebatado del lado de la mujer que amaba; y yo le guardaba rencor, pues su corazón permanecía cautivo de otra dama. Durante ocho años de matrimonio, las palabras que con mayor frecuencia cruzamos no fueron de afecto ni de deber, sino amargas maldiciones. No obstante, el día en que la ciudad sucumbió, todo cambió. Las banderas enemigas ya se divisaban más allá de la puerta interior. Él fue al frente y tomó el camino, interponiendo su cuerpo entre el acero enemigo y mi huida. —Vive —pronunció quedamente. Acto seguido, alzó su espada y no volvió la vista atrás. Las flechas cayeron cual lluvia inclemente. Mientras lo atacaban, volvió la cabeza una vez, solo una vez. Tras aquello, su cuerpo custodió el camino, y nada ni nadie logró cruzarla. —Si existe otra vida… ruego a su Alteza que me conceda la misericordia de pertenecerle a ella. Aquella noche, con la ciudad reducida a cenizas y el pueblo yacente o en fuga, subí a la torre más alta del palacio. Y salté al vacío. Cuando mis ojos volvieron a abrirse, me presenté ante el Rey. —Los reinos del norte requieren una desposada real —dije—. Yo iré. En esta vida, seré yo quien cruce la frontera. En mi vida anterior, él halló la muerte creyendo que le había fallado a ella. Esta vez, no permitiré que tal lamento exista. Tomaré el matrimonio destinado a ella. Portaré la corona labrada para su exilio. Caminaré hacia un destino que ella nunca debería padecer. Que ella siga aquí. Que él la proteja. Que él viva su vida creyendo que, finalmente, ha cumplido su promesa.
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El Precio de Humillar a la Heredera

El Precio de Humillar a la Heredera

Casi morí desangrada en la camilla del hospital para darle a la familia Rossi su ansiado heredero. Pero, Carter, mi esposo y subjefe de la mafia, permitió que Sofía, su sombra y confidente, sostuviera una cámara mientras yo daba a luz. Grabó cada detalle solo porque estaba aburrida: la pérdida de control de mi cuerpo, mis gritos desgarradores y mi rostro retorcido por la agonía. Y lo peor vino después. Ella guardó capturas de mi sufrimiento, hizo memes y los filtró en el chat privado de su círculo íntimo, solo con el objetivo de burlarse de mi dolor. A los pies de la cama, creyendo que yo seguía inconsciente, Sofía se reía en mi cara. —¡Carter, esto es lo mejor que he visto en mi vida! Siempre sabes cómo complacerme. Pero Sloane se va a volver loca cuando despierte y vea todo lo que hice. La anestesia aún nublaba mis sentidos y los párpados me pesaban demasiado. No obstante, a través de la bruma del dolor, logré escuchar el tono cínico de mi esposo. —No se va a molestar —aseguró—. Ya sabes cómo es Sloane. Siempre hace todo lo que le pido. Le digo unas cuantas mentiras al oído y listo. Y ahora que nuestro heredero nació, la pobre jamás me dejará. Apreté los puños debajo de las sábanas. Recordé todos los sacrificios que hice por él durante los años que estuvimos juntos. Carter olvidó por completo había sido la mujer que lo convirtió en el hombre que gobernaba las calles. Ya que él disfrutaba jugar con mi vida, me prometí que le iba a demostrar cómo se jugaba de verdad. Los haría pagar por cada segundo de burla y humillación que me hicieron pasar.
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FUERA DE LÍMITES: Reclamada por el padrastro de mi exprometi

FUERA DE LÍMITES: Reclamada por el padrastro de mi exprometi

«Joder, estás tan apretada para mí», gruñó Ryder contra mi oído, embistiendo con fuerza. Su profunda estocada me hizo arquear la espalda sobre la cama. Jadeé, clavándole las uñas en los hombros mientras me llenaba por completo. «Más fuerte… por favor…» Me inmovilizó las muñecas por encima de la cabeza con una mano y me agarró la cadera con la otra, lo suficientemente fuerte para dejar moretones. «¿Quieres que sea brusco, nena? Suplícamelo bien». Temblando de deseo, las palabras escaparon de mis labios: «Por favor… Papi… fóllame más fuerte». Un gruñido oscuro y satisfecho vibró en su pecho. Mordió mi cuello y susurró con voz sucia: «Buena chica. Córrete sobre la polla de Papi. Muéstrame cuánto lo necesitas». *** El día de mi boda descubrí a mi prometido Dylan Voss follándose a mi hermanastra Helene. Destrozada y humillada, abandoné el altar. Ryder Hawthorne, el poderoso y despiadado padrastro de Dylan, me encontró. Me llevó a su ático y, entre rabia y deseo, lo seduje. Nos follamos con violencia, como en una guerra. Cuando Dylan entró y me vio cabalgándolo, se sintió traicionado y se marchó furioso. Yo me sentí vengada. Se suponía que sería solo una noche. Pero la vida me jugó una mala pasada. Para pagar las facturas médicas de mi abuela moribunda, acepté un trabajo en Hawthorne Prosperity Group… sin saber que Ryder era mi nuevo jefe. Un encuentro prohibido y salvaje en su oficina bastó para que me propusiera ser su puta personal a cambio de cubrir todos los gastos de mi abuela. Sin opciones, acepté. Lo que empezó como venganza se convirtió en obsesión. Dylan quiere recuperarme, pero Ryder se niega a soltarme. Ahora estoy atrapada entre la venganza y una rendición peligrosa y adictiva.
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La pareja prohibida del alpha

La pareja prohibida del alpha

—Vete —ordené, orgullosa de que mi voz no sonara ni la mitad de temblorosa de lo que me sentía por dentro. —¿Eso es lo que realmente quieres, Keera? —preguntó en un susurro. Antes de que pudiera responder, tomó mi mano y la levantó lentamente, llevando mis dedos hasta su nariz. Los mismos dedos que habían estado dentro de mí hacía apenas unos minutos. Mi corazón golpeó con fuerza en mi pecho. No apartó los ojos de los míos mientras inhalaba el aroma de mi deseo, y luego llevó mis dedos a su boca, pasando su lengua por ellos y lamiéndolos con lentitud hasta dejarlos limpios. ⸻ Keera No deberían existir. Era imposible. Eran errores de la naturaleza. Eso fue lo primero que pensé de los hombres lobo. Y durante años creí tener razón, porque todos los que conocí no hicieron más que herirme. Especialmente él. Me sentí atraída hacia él desde el primer momento en que lo vi. Antes de darme cuenta de que me odiaba. No quería admitirlo, pero él fue quien reforzó mi odio hacia los hombres lobo. No tenía ninguna obligación de ayudarlos. Pero lo hice. Y vi cómo mi vida se desmoronaba. Crucé cada límite que alguna vez me impuse al involucrarme con él, hasta descubrir que era mi pareja destinada. ⸻ Grayson La odiaba antes incluso de conocerla en persona. Nuestra relación era prohibida. Los hombres lobo no podían emparejarse con humanos. Ni siquiera creía que fuera una posibilidad. Pero eso fue antes de ella. Descubrí que era mi alma gemela. Y en ese momento supe que no podía dejarla ir. No me importaba renunciar al título de Alfa si eso significaba estar con ella. Porque, le gustara o no, ella sentía lo mismo por mí.
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Lo último que el don esperaba era el divorcio.

Lo último que el don esperaba era el divorcio.

—Buenas tardes, señora. Acaba de salir del juzgado y se la ve radiante. ¿Hay algún motivo especial para esa sonrisa? —Sí. Me estoy divorciando. —¿En serio? Lo siento mucho. ¿Puedo preguntarle qué pasó? —Mi marido me engañó durante años. Se acostaba con la hermana de quien había sido su hombre de confianza. Lo hacían en todas partes: en mi estudio de arte, en mi yate, sobre mi escritorio privado, incluso sobre el piano de cola de la sala principal. El muy idiota estaba convencido de que nunca me enteraría. —No me imagino lo difícil que debe ser pasar por algo así. ¿Y ahora adónde va? —Al hospital. Tengo programado un control prenatal. En cuestión de horas, la entrevista se volvió viral. No solo por la absoluta frialdad con que aquella mujer relataba la traición de su marido, sino también por el impactante contraste entre su glamorosa imagen como esposa de la mafia y la cruel realidad que vivía. Las redes sociales no tardaron en descubrir quién era realmente la protagonista de aquel video. Yo. Elena. La donna de la familia Moretti. Tres años antes, Vincenzo Moretti —el hombre que gobernaba el bajo mundo de Boston con puño de hierro— había organizado una boda tan fastuosa que durante semanas acaparó los titulares de todo el país. En ese entonces, muchas mujeres me envidiaban. Creían que era la persona más afortunada del mundo. Pero ahora la realidad era otra. El video llevaba casi dos días en internet, mientras Vincenzo seguía refugiado en su estúpido nido de amor. Cuando finalmente se dignó a ver la grabación que sus hombres le habían reenviado, yo ya estaba lejos, en Nueva Zelanda. El mundo entero sabía que iba a dejar para siempre a Vincenzo Moretti. Todos, menos él.
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