ALGÚN DÍA SERÁS MI ESPOSA
Habían dado un golpe significativo a Alfa al desactivar su red de comunicaciones, pero todos sabían que la batalla estaba lejos de terminar.
Nicholas se encontraba de pie cerca de la entrada de la cueva, observando en silencio el bosque en busca de cualquier señal de movimiento. Con los brazos cruzados y la mandíbula apretada, proyectaba la figura de un líder que estaba siempre alerta. Samuel se sentó en una roca cercana, revisando su rifle y asegurándose de que estuviera listo para cualquier enfrentamiento. Alice, Elizabeth y Daniel rodeaban a Dalton, que descansaba con la espalda contra la pared rocosa, tomando largos y controlados respiros.
—Tenemos que movernos pronto —dijo Nicholas sin