Entre Traición y Venganza
Envidiaba que Valeria tuviera un esposo como usted.
Andrés, irritado, levantó la mano para llamar a seguridad. Isabel, desesperada, se aferró a la mesa.
—¡Señor García, por favor, perdóneme! Ahora nadie en la industria me quiere contratar, no encuentro trabajo… yo…
—¿Ya terminaste? —Andrés la interrumpió con impaciencia.
Isabel se quedó callada. Andrés la miró con desdén justo cuando los guardias de seguridad entraban a la oficina.