El Vientre de la Venganza
Jack está embelesado, no puede dejar de mirarla, se siente un maldit0 con suerte, ella parece un ángel mientras que él sólo una cucaracha… o más bien un orangután gruñón, como le dicen algunas.
—¿Tienes hambre? —le pregunta Jack, porque sabe que a esa hora suele comer algo.
—Sí, se me antoja algo delicioso, no tan nutritivo tal vez… pero delicioso al fin.
—Papas fritas… pollo a la crema y nachos —dice él y Luna se lo queda viendo—. ¡¿Qué?! Ese es mi antojo, no sé cuál sea el tuyo.