De Su Amor a Su Venganza
Pero no: eres la misma mujer que, hace más de diez años, pudo mirar a tu esposo agarrado a la baranda, suplicándote, y aun así le soltaste los dedos para que se precipitara al vacío.
Mirna no respondió. El silencio fue su confirmación.
—Me alegra oírtelo decir —prosiguió él—. Porque Sebastián solo está indagando por ella. Si Inés desaparece, él perderá el interés de inmediato.
—Sí, pero ahora él la idolatra. Atacar a lo loco sería suicida. Debemos esperar. Encontrar el momento justo.