AMOR A LOS TREINTAYSIEMPRE
deseaba, pero yo en el fondo pensaba que todo funcionaba así, que ese era mi destino, en uno de esos encuentros concebí mi segundo retoño, mi amado hijo Editan, se llamaba como su abuelo paterno, pero ni que pensar que el olvido de tomarme la píldora sería el inicio del fin de mi matrimonio.
Con mi segundo hijo las cosas no cambiaron, lo contrario empeoraron, mi esposo ya no llegaba a casa, le molestaba la algarabía de los niños, su mujer desaliñada, el desorden por nuestra inmensa casa y todo lo que un matrimonio fallido ofrecía. Pasaba tiempo en que no llegaba a dormir a casa la comunicación era casi nula y si antes no teníamos encuentros sexuales, ahora sí que menos, nos habíamos limitado