Polaris
Micaila estaba realmente agotada, el viaje hasta llegar a la capital había sido demasiado convulso, la carretilla no paraba de bambolearse por el irregular camino, lo cual le provocaba unas horribles náuseas y la pérdida del apetito, así que no se extrañaría si al regresar a casa hubiera una que otra prenda que ya no le entallara, el malestar solo era superado por la constante incertidumbre de lo que harían con ella, al tiempo que asistía a varias subastas donde la sometían una y otra vez al escrutinio público presentándola como un lujoso y exclusivo producto de alta gama.
En tan solo par de noches los bolsillos de los comerciantes estaban más repletos de lo que imaginaban, la subasta fue me