Un Trato Con El Pecado
Me lanzó a la calle en medio de la tormenta, con nuestro hijo en brazos y dos maletas, como si fuéramos escombros de una vida que ya no le interesa.
Dante no se movió. Su mirada verde permaneció fija en ella, procesando la brutalidad de lo que acababa de escuchar. En el mundo de los negocios de alto nivel, las traiciones eran moneda corriente, pero la crueldad doméstica era algo que despertaba en él un desprecio profundo.
—¿Sin compasión? —repitió Dante, su voz bajando a un tono peligroso—. Un hombre que abandona a su propia sangre bajo la lluvia no es un líder, es un cobarde con suerte.