Casada con el monstruo
Nunca.
Me aparto de la puerta y echo a correr por el pasillo sin mirar atrás. No me importa si me han descubierto; mi única preocupación es escapar, como si algo invisible me persiguiera implacablemente.
Las imágenes de Giselle y su angustiosa voz invaden mi mente, llenándome de pavor. ¿Qué hay dentro de su vientre? Un bebé, sí, pero uno diferente, uno como los demás aquí. ¿Acabaré como ella? ¿Moriré de la misma manera? Estas preguntas retumban en mi cabeza mientras avanzo, mis ojos se humedecen, mi pecho se aprieta, el miedo me consume y mi cuerpo tiembla. Benjamin, Joel, todos en esta mansión son monstruos.