Cenizas de su engaño, ecos de mi verdad
En mi vida anterior, Enzo Saletta me salvó del incendio y Chiara Bellini murió en mi lugar.
Durante meses, él me cuidó como un esposo devoto, custodiando la puerta de mi habitación en el hospital, comprando regalos para nuestro hijo no nacido… Incluso, me dijo que nada de aquello había sido mi culpa.
Y yo le creí…
Hasta la noche después de dar a luz.
Nuestro hijo dormía a mi lado y yo estaba demasiado débil para moverme, todavía adolorida por el parto, pero, durante un breve instante, creí que estábamos a salvo.
Entonces olí el humo y, cuando intenté huir, comprobé, para mi pesar que… ¡la puerta no se abría!
Al otro lado de la puerta cerrada con llave, oí la voz de Enzo:
—Me arrebataste a Chiara. Ahora arde con tu hijo.
Grité su nombre hasta que la garganta me sangró. Pero ni él ni nadie abrió la puerta, por lo que, sin poder hacer nada para evitarlo, las llamas nos devoraron a mi hijo recién nacido y a mí.
Cuando volví a abrir los ojos, estaba otra vez dentro de aquel almacén en llamas, con cinco meses de embarazo, sintiendo cómo el humo impregnaba mis pulmones.
Chiara seguía viva. Y, con eso presente… decidí que esa vez no llamaría a Enzo.
Por el contrario, esperé hasta que él llegó y lo vi cargar primero con Chiara para sacarla de allí.
Luego me arrastré sola entre el fuego, sangrando por un hijo al que él jamás tendría oportunidad de matar.
Todos creyeron que yo había provocado el incendio. Todos me etiquetaron de celosa, cruel… demente.
Pero habían olvidado algo.
Antes de convertirme en la esposa de Enzo Saletta, yo era la mujer que ayudó a construir el sistema de seguridad de la familia Carmine.
Chiara borró la grabación principal, pero no la mía.