Aunque lo ames a él, Te casarás conmigo
Girándose sobre sus pies, Herodes pretendía marcharse de allí tras soltar esas palabras con amargura, y pasando saliva al fin tras escucharlo, ella soltó.
—Quiero el divorcio.
Esas simples palabras retumbaron en los oídos de Herodes, haciendo eco en su cabeza. ¿El divorcio? Ese, ni en broma pretendía dárselo, ella era su esposa, la señora Prat, a lo que él respondió deteniendo su andar.
—Aún no se ha cumplido el mes... Además de eso, te recuerdo que esto dependerá de ti.
El intento avanzar, ella volvió a hablar, lo que ocasionó que se detuviera de nuevo.