Entre Traición y Venganza
Andrés bajó la vista, sonrió con ironía y murmuró:
—Valeria, te volviste tan dominante que ya no queda ni un rastro de la chica que eras.
Sus quejas me parecieron ridículas.
—¿Así que piensas que soy yo la que cambió?
Andrés guardó silencio, confirmando con su actitud.
Me reí con desprecio. —Andrés, en realidad no fui yo la que cambió, fuiste tú.
—Cuando tenía dieciocho años y me subí al podio de ganadores, tú me elogiabas por mi ambición. Pero cuando quise desarrollar mi carrera en París, me controlaste usando a la familia como excusa.