Aullido de medianoche
Afuera, los autos corrían, esta vez con menor afluencia, era domingo y las actividades parecían postergarse, varias personas, entre la mayoría niños curiosos, caminaban o se apresuraban al parque ubicado frente a la torre departamental donde el ojiazul vivía; la primera nevada del año había cubierto más que jardines y árboles, pues lo que había iniciado como una suave nevada se había convertido en una tormenta invernal.
Toda la noche había nevado, pero ni Regina o Giovanni se percataron de ello, no cuando pasaron la mayor parte de la misma, rozando sus pieles, unidos, entre gemidos, jadeos y sudor, apretándose más al otro luego de tantas noches separados; palabras y promesas de amor entre su