Tres Minutos A Oscuras
Ivanna se rio y dijo:
—Ándale, tómate un poco, no pasa nada. Te va a servir para que descanses mejor.
Mientras hablaba, le acercó la copa de vino tinto a mi novia.
Al principio, Elisa arrugó la frente, pero entre la insistencia de uno y otro, terminó por acercarse el cristal a los labios. Yo me encargué de llenarle la copa en cuanto se descuidaba y ella no me decía que no. Después de un rato, ya tenía las mejillas bien rojas y la mirada se le empezó a perder; incluso me dio un golpecito juguetón en la frente.
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