Mag-log inโอ้โหแม่เจ้า! ใครจะไปคิดว่าแค่ไปดูดวงกับคุณยายเพราะสงสารกลัวว่าท่านจะไม่มีเงินกินข้าว กลับได้ของตอบแทนมาจนทำให้นางตายแถมต้องทะลุมิติไปอยู่ที่ไหนก็ไม่รู้ตั้งสองพันปีก่อนแบบนี้!
view moreEl encargo llegó un martes, y los martes solían ser mis días de suerte. Debería haber sabido que esa racha no duraría para siempre.
Marcos deslizó la tablet hacia mí sobre la mesa de metal, su expresión era esa mezcla de profesionalismo y curiosidad que siempre tiene cuando llega un trabajo con muchos ceros. —Pagarán el triple de la tarifa usual, Ana. Cliente nuevo. Mis dedos rozaron la pantalla aún fría. Los detalles aparecieron en letras limpias y ordenadas, como todo en mi vida ahora: orden sobre el caos. Objetivo: Anton Rysakov. Deudor. Lugar: Torre Volkov, salida de servicio C. Hora: 7:00 PM exactas. Descripción: Hombre, 1.70 cm, rubio, ojos claros, traje negro. Sale hacia una van negra. Instrucciones: Intimidación. Que crea que su vida termina si no paga. Nota: Cliente exige discreción total. Sin marcas permanentes. —Una hora y media de traslado —murmuré, calculando mentalmente rutas, tráfico, puntos ciegos—. Lejos. —Pero bien pagado —agregó Marcos, señalando el monto depositado en la cuenta de garantía. Era un número que hacía que algo dentro de mí se tensara… y se aliviara al mismo tiempo. Cada cero era una semana menos de espera. Un paso más cerca de mí hijo. Estudié la foto adjunta del edificio. La Torre Volkov se alzaba imponente, todo vidrio espejado y acero. Un símbolo de poder en el distrito financiero. La puerta de servicio C estaba semioculta entre contenedores de basura y una rampa de carga. Discreta. Perfecta. —¿Bandera roja? —pregunté por costumbre, aunque mi instinto ya murmuraba que algo no olía bien. —El cliente es nuevo. Un prestamista de la zona este —dijo Marcos, encogiéndose ligeramente de hombros—. El pago está asegurado. Y la deuda es grande, según él. Asentí. No era el primer deudor de alto nivel. Nuestro trabajo no era honesto, pero era claro: por un pago determinado hacíamos el trabajo sucio, el de cobrar deudas a nombre de nuestros clientes. A veces hacía falta cierto nivel de intimidación. Mi regla era simple: solo objetivos con las manos sucias. Y nunca niños, nunca familias. Pero el triple de pago no era rutinario. Marcaba una línea. La línea entre asustar a un estafador y meterse con algo más grande. —Vamos a necesitar la furgoneta gris sin marcas —dije, pasando a modo operativo. El dinero hablaba más fuerte que mi cautela—. Overoles de técnicos. Credenciales falsas. Y las armas —corregí, mirando a Marcos a los ojos—. Cargador con balas de fogueo. No creo que necesitemos balas reales. Marcos asintió, sin sonreír esta vez. Él también sabía lo que significaba subir de nivel. El teatro terminaba donde empezaba el verdadero miedo. --- A las 6:58 PM, estaba posicionada junto a los contenedores de basura, en el punto ciego de la cámara que había memorizado. La lluvia fina de la tarde pintaba el asfalto de un negro brillante. Bajo el overol holgado, la pistola pesaba. Un recordatorio frío y metálico de lo que estábamos haciendo. Las 7 en punto marcaron. La puerta de servicio C se abrió y salió un hombre. Alto. La descripción decía 1.70. Este hombre… no. Esta montaña medía fácilmente 1.90. Una diferencia de veinte centímetros que en mi mundo era un abismo. ¿Un error tan básico? Un latigazo de duda me atravesó el pecho, frío y rápido. ¿Error del cliente? Quizás. Pero lo demás… Sus hombros eran tan anchos que casi llenaban el marco de la puerta. Su traje era negro, sí, pero no era un traje de oficina; era una pieza hecha a medida que se adaptaba a sus músculos como una segunda piel. El pelo, bajo la luz tenue, era rubio cenizo, casi plateado. Y cuando giró ligeramente la cabeza, vi el perfil de su rostro: afilado, implacable, y unos ojos de un azul claro que, incluso desde la distancia, parecían cortar como cristal. La altura no cuadraba. Pero todo lo demás sí. Torre Volkov. 7 PM en punto. Traje negro. Rubio. Ojos claros. Y salía directo hacia una van negra estacionada a quince metros, donde un hombre de aspecto severo —un guardaespaldas, reconocí al instante— esperaba junto a la puerta. Ese dato no lo teníamos. Se suponía que estaría solo. La duda era un lujo. El pago ya estaba en la cuenta. Triple. Decidí en una fracción de segundo. Salí de las sombras justo cuando pasaba a mi altura. Mi voz salió grave, plana, presioné la pistola en sus costillas a través de la tela: —No haga ruido. Gire y camine hacia la furgoneta gris. Si coopera, respirará esta noche. Se detuvo en seco. Giró la cabeza hacia mí, solo un poco. Esos ojos azules me atravesaron. No había miedo en ellos. —Interesante —dijo. Su voz era baja, con una vibración que pareció resonar en mis huesos. —Camine —ordené, presionando el cañón con más fuerza. Caminó. Con una calma desconcertante, como si diera un paseo. Sus pasos eran largos y seguros. Marcos esperaba, enmascarado, con la puerta trasera de nuestra furgoneta ya abierta. Justo cuando llegaba al borde, el guardaespaldas junto a la van negra notó el movimiento. Su expresión se transformó en una máscara de alerta pura y se abalanzó hacia nosotros. —¡Jefe!—gritó. —¡Marcos, cúbreme! —le ordené a mi compañero, que se lanzó a interceptarlo. Esto no estaba en el guión. Con un movimiento rápido, empujé al hombre rubio dentro de la furgoneta y salté tras él. La puerta se cerró de un golpe, ahogando el sonido de la pelea que comenzaba afuera. Deslicé el cerrojo. Adentro, la penumbra. Él estaba sentado en el piso de metal, de espaldas a mí, inmóvil. —Manos a la espalda—ordené, mi voz un poco más áspera. Él las puso, sin prisa. Saqué las tiras de plástico reforzado y se las ajusté alrededor de las muñecas. Noté la fuerza de sus antebrazos bajo la tela fina de la camisa. Luego, la capucha negra. Se la coloqué sobre la cabeza. En todo el proceso, no forcejeó. No respiró agitado. Era como atar una estatua de mármol vivo. Mi corazón, por primera vez en años, latía con un ritmo desordenado y alto contra mis costillas. Algo está mal. Terriblemente mal. Salté al asiento del conductor y encendí el motor. Por el retrovisor, lo vi. Inclinó ligeramente la cabeza cubierta, como un depredador escuchando. Y entonces habló. Su voz, distorsionada por la tela, no era la de un hombre asustado. Era grave, clara, y cortó el aire como un cuchillo afilado en la oscuridad: —¿Quién te envió? Sentí un escalofrío que me recorrió desde la base del cráneo hasta los talones. No era el miedo a que me descubrieran. Era la certeza, fría y repentina, de que había puesto mis manos sobre algo que no era un simple deudor. Algo peligroso de verdad. —Cállate —dije, pero las palabras sonaron delgadas, quebradizas. Él no dijo nada más. Pero en su silencio, en la quietud absoluta de su cuerpo atado, había algo aterrador. Y fue en ese momento, que sonó mi teléfono. La pantalla brilló en la penumbra, iluminando momentáneamente. Allí brillaba un mensaje directo del cliente. Lo abrí y en ese instante el corazón se me detuvo.เจียงหลินได้พาบิดาของตนเองกลับมาที่บ้านอีกครั้ง เซี่ยซานที่เห็นความเปลี่ยนแปลงไปของบ้านหลังเล็กที่ตนเคยอาศัยอยู่กับคนรักและลูก ๆ ก็รู้สึกแปลกใจไม่น้อยไหนจะยังบุรุษด้านหลังที่ดูยังไงก็คงไม่ใช่ชายหนุ่มชาวบ้านธรรมดา ๆ อย่างแน่นอนแต่เขาเองก็มีความอดทนมากพอที่จะรอเอ่ยถามกับบุตรสาวในคราวเดียวกันไปเสียเ
“เจียงหลี่! เจ้ารู้ตัวหรือไม่ว่าพูดอะไรออกมา?”เจียงไห่ที่ได้สติกลับคืนมาเอ่ยถามภรรยาของตนเองอีกครั้งอย่างต้องการคำยืนยันว่าสิ่งที่เขาได้ยินเมื่อสักครู่นี้คือเรื่องจริงหรือไม่“รู้สิ! ทำไมข้าจะไม่รู้ในเมื่อตอนนี้เป่าเอ๋อร์ก็ไม่อยู่แล้ว แล้วข้าจะยังต้องกลัวอะไรพวกเจ้าอีกกัน”“นังเจียงหลันที่มันตายก็เ
“เจ้ายังมีความเป็นคนอยู่หรือไม่!”เจียงไห่ตะคอกถามใส่หน้าของภรรยาที่นั่งนิ่งอยู่ตรงหน้าด้วยความโกรธเกรี้ยวอย่างถึงที่สุด เขาไม่คิดเลยว่าสตรีที่เขารักนั้นจะมีจิตใจที่เลวร้ายได้ถึงเพียงนี้“ท่านพี่...”นางเจียงที่อยู่ในอารมณ์ตกใจอยู่ นางยังไม่สามารถคิดหาคำตอบให้กับผู้เป็นสามีของตนเองได้จึงทำได้เพียงเอ
หลังจากที่เจียงหลินได้ทำการเปลี่ยนชุดเสร็จเรียบร้อย นางก็เดินทางไปยังบ้านของนางเจียงพร้อมกับท่านป้าจางที่เจียงหลินแวะชวนให้ไปเป็นเพื่อนเมื่อเจียงหลินกับนางจางเดินทางไปถึงบ้านของนางเจียง ก็พบว่าอีกฝ่ายได้ยืนรอตนเองอยู่ที่หน้าบ้านแล้ว แต่เมื่อนางเจียงเห็นว่ามีนางจางมาด้วยก็รู้สึกไม่พอใจขึ้นมาและเอ่ยต
ทางด้านเจียงหลินที่จู่ ๆ ก็ถูกชายหนุ่มสวมกอดก็รู้สึกตั้งตัวไม่ทัน แต่ก็ยอมให้ชายหนุ่มสวมกอดอยู่เช่นนั้นเพราะนางเองก็รู้สึกดีใจที่อีกฝ่ายนั้นยังปลอดภัยดี ส่วนตัวเองก็ยังคงมีชีวิตอยู่ ถึงแม้ว่าตลอดเวลาที่อยู่ร่วมกับของพวกเขาจะไม่มากแต่ในทุกวันพวกเขาล้วนมีความทรงจำที่งดงามร่วมกันมา ไม่แปลกที่ทั้งสองค
ปิ่นปักผมที่อยู่ในมือของเสิ่นจื่อในตอนนี้มันคือปิ่นปักผมที่ทำจากหยกสีชมพู แกะสลักลายดอกอิงฮวาเอาไว้อย่างงดงาม เป็นปิ่นหยกที่เรียบง่ายแต่ให้ความรู้สึกงดงามจนหาที่ใดเปรียบเสิ่นจื่อหยิบปิ่นหยกชมพูในมือขึ้น ก่อนที่เขาจะทำการปักปิ่นเล่มนั้นลงไปบนมวยผมที่เจียงหลินเกล้าขึ้นไว้อย่างเบามือ และอ่อนโยน ให้ควา
“แต่เพื่อเห็นแก่ที่พวกท่านเป็นคนหมู่บ้านเดียวกัน เช่นนั้นข้าจะยอมบอกวิธีการเพาะปลูกให้กับพวกท่านก็ได้ แต่พวกท่านต้องรับเงื่อนไขของข้าให้ได้ ใครที่รับได้ข้าจะมอบขั้นตอนการเพาะปลูกให้กับคนนั้น”“ส่วนใครที่รับไม่ได้ก็จงอยู่อย่างเงียบ ๆ ไปเสีย เพราะของที่ได้มาโดยไม่ต้องลงทุนอะไรเลยนั้นไม่มีอยู่จริงหรอกน
เมื่อเจียงหลินได้ฟังคำพูดจากนางจางเสร็จก็ได้เอ่ยอธิบายเกี่ยวกับบุรุษที่มาพบกับนางในวันนี้ว่าเป็นใคร และมาทำอะไรที่บ้านของนาง หลังจากที่นางจางได้รับรู้เรื่องราวจนครบแล้วนั้นนางก็ได้นำความจริงไปพูดแก้ข่าวให้กับเด็กสาวจนคนทั่วทั้งหมู่บ้านจากที่ในตอนแรกนั้นมีแต่นินทาเด็กสาวอย่างเสียหายแต่ต่อมากลับมีแต






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