Puse A Madre E Hija En Cuatro Ruedas
—Claro que sí, jefa, sin duda —respondí, asintiendo repetidamente; no tenía el valor para contradecirla.
Se rio de satisfacción, entrelazó ambas manos tras mi nuca y, sentada sobre mis muslos, comenzó a frotarse contra mí rítmicamente. El alcohol le soltó la lengua.
—El desgraciado de mi marido se la vive buscando mujeres por ahí. Llevo mucho tiempo sin que me toquen, y la verdad, traigo muchas ganas. De hecho, ya me había fijado en ti desde hace tiempo. Te ves fuerte, muy varonil. Hoy que no está mi esposo, quiero que me entretengas un rato. Si te portas bien, te subo el bono de fin de año.