Trampa para una novia en fuga
Su caballo, un ágil castaño llamado Relâmpago, salió disparado en cuanto el juez levantó el brazo.
El público seguía con entusiasmo cada curva junto a los barriles. Carlos se inclinaba con destreza, casi pegado a la silla, mientras Relâmpago recorría el circuito a una velocidad impresionante. Al cruzar la línea de meta, el tiempo anunciado provocó aplausos:
— ¡Treinta y cinco segundos, sin derribar ningún barril!
Natalia aplaudió animada, sintiéndose orgullosa. Al otro lado de la grada, Fernando observaba impasible, con los brazos cruzados, como si nada le sorprendiera.