En las manos del Rey Alfa
En un acto de ira, Atrax invocó una maldición poderosa, imbuida de su dolor y rencor.
“Que aquellos que una vez llamaron hermanos,” proclamó Atrax, “siempre encuentren a sus compañeras de vida, solo para perderlas en las circunstancias más nefastas. Que su amor se convierta en su sufrimiento y su deseo en desolación.”
La maldición fue lanzada sobre el clan de vampiros, arraigándose en su esencia. Desde ese día, cada vez que un vampiro encontraba el amor verdadero, la felicidad era efímera, seguida de tragedias inimaginables.