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Me Exhibió por una Canasta Navideña

Me Exhibió por una Canasta Navideña

Una empleada me expuso en redes sociales. Dijo que era una jefa miserable y tacaña por no darles una canasta navideña. Pero la gente en internet no sabía que, según la tradición de mi empresa, en cada festividad y también en su cumpleaños, cada empleado recibía sin falta una tarjeta de regalo de 200 dólares. Como medio internet me estaba haciendo pedazos, decidí seguirles el juego y publiqué un comunicado: “Para respetar las tradiciones navideñas, este año se cancelan las tarjetas de regalo. En su lugar, todos recibirán una canasta navideña.” Apenas salió el comunicado, la empresa entera se convirtió en un caos. Los empleados se plantaron frente a la puerta de mi oficina y me rogaron que les devolviera las tarjetas de regalo.
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La Falsa Susurradora de Cadáveres

La Falsa Susurradora de Cadáveres

Tras presentar mi solicitud para dejar el cargo de jefa de Medicina Forense y pedir el traslado a un puesto administrativo, en la comisaría a todos se les iluminó la cara. Sonrisas por todas partes. Aprobación unánime. Solo Olivia Montoya, la nueva forense… la "mejor amiga de la infancia" de mi novio, se vino abajo. La que se hace llamar la "Susurradora de Cadáveres". Entró hecha una fiera, me agarró con fuerza de la bata y, con los ojos enrojecidos, soltó: —Aunque tu técnica ya está pasada de moda, de verdad espero que te quedes. ¡Que sigas dándoles voz a las víctimas! Le aparté la mano con frialdad, recogí mis cosas y me di la vuelta para irme. Porque en mi vida pasada, ella se presentaba igual: decía que podía oír los susurros de los muertos y saber lo que habían vivido antes de morir. Yo me mataba trabajando: autopsia tras autopsia, revisando una y otra vez, redactando informes de autopsia con cada detalle. Ella, en cambio, solo necesitaba echarle un vistazo al cadáver… y podía recitar mi informe palabra por palabra, sin equivocarse ni una coma. Las familias de las víctimas la veneraban como si fuera un milagro andante. A mí me miraban con desprecio. Decían que yo profanaba al difunto, que no lo respetaba. No lo acepté. Me negué a rendirme. Me dejaba la vida en cada autopsia… pero ella siempre se me adelantaba, escupiendo toda la verdad como si ya la tuviera en la palma de la mano. Hasta que una familia, llevada al límite, me odió por ultrajar a su difunto. Me secuestraron. Me descuartizaron. Y me abandonaron en un baldío. Cuando volví a abrir los ojos… Había renacido justo el día en que Olivia anunció, por primera vez, que era la "Susurradora de Cadáveres".
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Tras la Traición, Le Arrebaté Todo

Tras la Traición, Le Arrebaté Todo

En el mundo empresarial, todos sabían que Camila López era la pieza clave de Carlos Sánchez. Mientras Camila estuviera presente, no había negocio que el Grupo Sánchez no pudiera cerrar. Y Carlos la amaba hasta los huesos. Si Camila lo pidiera, él daría todo por ella, incluso la vida. Hubo un tiempo en que Camila también lo creyó. En el Triángulo Dorado, por el Grupo Sánchez, no dudó en apuntarse un arma y disparar cinco veces contra sí misma. En México, bebió con proveedores hasta escupir sangre. Cada vez, creyó que Carlos la estaría esperando al volver. Hasta que descubrió la mirada que él clavaba en su joven guardaespaldas, una mirada tan densa y llena de pasión. Se justificaba con la compasión, pero sus miradas delataban otro sentimiento.
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Vestido robado, venganza millonaria

Vestido robado, venganza millonaria

Crecí fuera del país y, para evitar que volviera con un novio extranjero, mi mamá me arregló en Ciudad de México un prometido de ensueño: Gabriel Méndez, el carismático CEO del Grupo Méndez. Regresé para nuestra fiesta de compromiso. La boutique de alta costura olía a flores blancas y cuero nuevo. Entre maniquíes impecables, encontré el vestido perfecto: un strapless largo color marfil, limpio como una promesa. Ya iba a probármelo cuando, a mi lado, una mujer alzó la barbilla, le echó un vistazo a lo que traía y le dijo a la vendedora: —Ese vestido está interesante. Tráemelo a mí. La asesora me lo arrebató con brusquedad. Se me calentó la cara. —Todo tiene un orden —dije conteniéndome—. Ese vestido lo vi primero. ¿Aquí ya no existe el “primero en llegar, primero en ser atendido”? La mujer me miró con pereza, sonrisita de superioridad. —Ese vestido cuesta veintiséis mil dólares. ¿Tú, con esa facha, puedes pagarlo? —chasqueó la lengua—. Soy la protegida de Gabriel Méndez, CEO del Grupo Méndez. En esta ciudad, la razón la pone la familia Méndez. Gabriel Méndez… ¿no es mi prometido? Saqué el celular, e hice una rápida llamada. —Tu “protegida” me acaba de arrebatar mi vestido de compromiso. ¿Cómo piensas resolverlo?
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La Contadora Robot: Renuncia y Caída

La Contadora Robot: Renuncia y Caída

En el baño de la oficina, oí a alguien hablando mal de mí. Era la pasante a la que guié durante tres meses. Se quejaba: —Es una vieja bruja sin tacto, como un robot con el cerebro apagado. Yo ya estaba a punto de abrir la puerta para interrumpirlas cuando otra, entre risas, remató: —Faltan papeles. Las facturas no están en regla. Sin la firma del director no se puede pagar. ¡Ya nos sabemos de memoria sus frases de siempre; puro teatro! Cuando se fueron, regresé en silencio a mi oficina. La pasante azotó una pila de solicitudes de reembolso con sus facturas adjuntas sobre mi escritorio. —No vayas a buscar cualquier pretexto para negarles el reembolso otra vez. Eché un vistazo a las facturas falsas y, por primera vez, no las cuestioné. Esta vez, sonreí apenas: —Me duele la cabeza; no logro leer bien la letra.
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Le Dio Mi Luna de Miel a Otro

Le Dio Mi Luna de Miel a Otro

Mi esposa, Norma Estévez, presidenta de la compañía, se enteró de que yo le había cedido a Manuel Anaya, su asistente favorito, un proyecto valuado en diez millones de dólares. Creyó que esos tres meses de ley del hielo por fin habían funcionado. Feliz de la vida, fue ella quien me propuso irnos al extranjero de luna de miel. Pero, en cuanto Manuel se enteró, se llenó de celos y armó un escándalo diciendo que iba a renunciar. Norma, que siempre lo consentía, entró en pánico. Después de pasarse tres días y tres noches consintiéndolo, volvió a cancelar nuestra luna de miel con la excusa de un viaje de negocios y le dio a él el otro boleto. Más tarde, me explicó con total indiferencia: —El amor es lo de menos. El trabajo es lo más importante. Como presidenta, debo poner la empresa en primer lugar. Tú eres mi esposo, deberías entenderlo, ¿no? Miré la publicación que Manuel acababa de subir a sus redes, junto con una foto de ellos dos con las cabezas juntas, haciendo un corazón con los dedos. No dije nada, solo asentí. Norma creyó que me había vuelto más generoso y comprensivo, y pareció quedar muy satisfecha. Incluso aseguró que, cuando regresara al país, me lo compensaría con una luna de miel aún más romántica. Pero ella no sabía que yo ya había presentado mi renuncia. Y tampoco sabía que el acuerdo de divorcio ya llevaba estampada su firma. Entre ella y yo, ya no habría ningún después.
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Elixir de Venganza

Elixir de Venganza

El elixir de sangre que preparé ganó el primer lugar en la Ceremonia de la Corte Nocturne, pero mi hermana adoptiva me lo robó y se llevó todo el mérito. Ella creyó haber tocado el cielo con las manos. No tenía ni idea de que el premio era, en realidad, un contrato nupcial con el príncipe vampiro Kaelan Nocturne. Un hombre con fama de ser un monstruo. Cuando llegó la propuesta de matrimonio, mi prometido, un archimago, decidió «protegerla». No perdió tiempo: la vinculó con una marca de sangre y se la llevó a la cama. Horas después, mi hermana regresó presumiendo la herida fresca en su cuello como un trofeo de guerra. —Ay, hermanita, tu hombre me reclamó. En tres días vas a cumplir veinticinco años. Si nadie te reclama, el Registro Nupcial te va a echar a los brazos de cualquier mercenario frustrado y violento. Pero se equivocó. Yo siempre tuve otra opción. Me acerqué a mis padres, que estaban desesperados por tramar un plan para arreglar su desastre, y anuncié con toda la calma de la noche: —Si ella no quiere casarse con Kaelan Nocturne, lo haré yo.
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Me traicionaron en el hotel y me divorcié

Me traicionaron en el hotel y me divorcié

El hotel me llamó para recordarme de forma sutil que anoche olvidé pagar los condones que usé, y que ya habían descontado el importe de mi tarjeta de membresía. Yo estaba algo confundida; ayer trabajé horas extras hasta muy tarde, ni siquiera estuve en un hotel. Pregunté a mi esposo, el único que sabía el número de mi tarjeta, sobre qué demonios había pasado. Él me miró con cara de total desconcierto. —Cariño, esa habitación cuesta más de diez mil la noche, ¿cómo iba yo a gastar eso? Seguro que fue un error del sistema. —Habrá sido alguien que ingresó mal el número de la membresía. Mañana iré a poner una queja. Ya no perdí el tiempo hablando con él. La inversora de ese hotel es Ángela, mi mejor amiga. Le llamé directamente. —Querida, ayúdame a revisar con quién demonios se registró Víctor Soto anoche. ¡Voy a pillarlo en la infidelidad!
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Jueguitos Xpeciales en Familia

Jueguitos Xpeciales en Familia

Desde que me volví tontito, mi madrastra siempre me cuidó personalmente. No solo me daba masajes y me llevaba a hacer ejercicio, sino que tampoco rechazaba mis caricias. Mi padrastro, seguro de que era un idiota, nunca se molestaba en ocultar sus actos íntimos con mi madrastra delante de mí. Pero lo que ellos no sabían era que yo ya había vuelto a la normalidad. Mientras mi madrastra tenía una videollamada con mi padrastro y se consolaba con su juguete frente a la cámara, yo, en silencio, tomé mi hombría y la hundí en su cuerpo. Y mi padrastro no tenía ni idea.
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El juguete del jefe

El juguete del jefe

Todos me advirtieron que jamás me enamorara de Dante Moretti. Decían que era el fantasma de la familia Velasco: el segundo al mando que ordenaba ejecuciones sin parpadear, con el corazón más frío que el cañón de su propia pistola. Pero cuando me doblegó sobre aquel escritorio de caoba y presionó su boca contra mi oído, exigiéndome que pronunciara su nombre, fui lo suficientemente estúpida como para creer que aquello era posesión. Me tomó un año entero abrir los ojos a la verdad. Las fotografías bajo llave en el cajón de su despacho nunca fueron mías. La mujer vestida de blanco que lo esperaba los domingos por la mañana en el distrito de la catedral nunca fui yo. La chica que recibió una bala por él, a la que él llamaba su «salvación»... Su nombre es Elena Abate. Y resulta que Elena es la hija de mi madrastra. Para salvar a la familia, mi padre intenta venderme por quinientos millones a un heredero de los Agosti que ya tiene un pie en la tumba. Mi madrastra conspira para borrarme del mapa por completo. ¿Y el hombre que creí capaz de reducir esta ciudad a cenizas por mí? El día que más lo necesité, estaba subiendo a Elena por las escaleras, cargándola en brazos como si fuera un objeto sagrado. Todos pensaron que yo era solo un peón que podían mover a su antojo en su tablero de ajedrez. Se equivocaron. Si Dante no puede dejar ir a su precioso amor de infancia, a su «salvación», entonces me convertiré en la «viuda» de alguien más. Si Elena cree que ya ganó este juego, dejaré que mire desde la primera fila cómo una mujer que no tiene nada que perder lo destruye todo. Mi nombre es Serafina. Recuérdalo. Porque estoy a punto de convertirme en el castigo que ninguno de ustedes vio venir.
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