Mi Desamor Ideal
De pronto, una canción empezó a sonar en las bocinas:
“Supe que una noche te casaste... y no sonreías,
me duele aceptar que fui yo la causa de tu agonía.
Tal vez mi inmadurez no midió el dolor,
mi racha de imprudencia te robó el color.
Qué triste es el sabor de verte sufrir,
¿cómo podré el perdón algún día pedir?
Me pesa la conciencia al ver la verdad:
un error cualquiera... destruye una vida por la eternidad...”
Cada frase se sentía como una estocada. Sintió dolor, impulsado por la melodía, como una marea sofocante.
Olivia se cubrió la cara con las manos y las lágrimas brotaron sin control entre sus dedos.