Renacida, adiós a la esposa del Don
La vida, por fin, volvía a su cauce.
En cuanto a Gideon, no se había vuelto a saber nada de él desde aquel día. Pensé que después de enterarse de lo del bebé por fin me dejaría en paz, pero para mi sorpresa, ahora le dio por recordar nuestra absurda boda.
Me contactó a través de su abogado, y yo, sin dudarlo, le entregué los papeles del divorcio.
Según el abogado, Gideon se puso como loco cuando recibió los documentos. Juraba y perjuraba que los papeles eran falsos y que él jamás había firmado algo así.