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Mi Amor, La Condena del Alfa

Mi Amor, La Condena del Alfa

Después de que su alma gemela muriera, el Alfa Killian Thorne pasó diez años guardándome rencor. Yo era la sanadora Omega que él nunca quiso, unida a él por deber, no por amor. Para él, yo era un remplazo. Una cicatriz en una unión que ninguno de los dos pidió. No importaba con cuánto esmero sanara sus heridas, ni con cuánta devoción permaneciera a su lado, lo único que me decía era: —Si en serio quieres complacerme, entonces vete. Pero cuando la muerte vino por nosotros, no fui yo quien cayó. Fue él. Mientras se desangraba en mis brazos, Killian me miró por última vez y susurró: —Ojalá nunca te hubiera conocido… En el funeral, su madre lloraba. —Debió quedarse con Selena. Nunca debí permitir que se fuera contigo. Su padre me quería matar con la mirada. —Te salvó la vida tres veces. ¿Por qué se tuvo que morir él y no tú? Todos lamentaban que se hubiera emparejado conmigo. Incluso yo lo lamentaba. Me expulsaron de la manada sin nada. Sin título. Sin la compensación de una Luna. Sin un hogar al que pudiera llamar mío. Y entonces… quizá la Diosa Luna se apiadó de mí. Me dio una última oportunidad para reescribir el destino. Esta vez, no suplicaré por su amor. Esta vez, no lo ataré al dolor. Esta vez, romperé el vínculo antes de que empiece. Ya podía escuchar los engranajes del destino girando, y esta vez, yo daría el primer paso.
Short Story · Hombres Lobo
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Renacer para vengarme: El precio de su traición

Renacer para vengarme: El precio de su traición

La familia Torres estaba al borde de la ruina cuando vinieron a pedirme que me casara con su hijo. Mi papá, sabiendo que llevaba diez años completamente enamorada de Nelson Torres, aceptó el matrimonio y, para colmo, invirtió una fortuna para sacarlos del desastre. La noche de bodas, Nelson me vendó los ojos con una corbata y me tomó una y otra vez. Un mes después, llena de felicidad, fui a buscarlo con el informe de embarazo en la mano, pero lo que escuché me dejó completamente congelada. Estaba en un bar, apostando a lo grande con sus amigos: —A ver, muchachos, ¿qué opinan? ¿Quién de ustedes cree que es el padre del bebé de Sofía Reyes, después de que se la cogieron entre varios? Uno de sus amigos soltó una carcajada grosera: —Señor Torres, yo solo le di tres veces... No me diga que es mío, ¿o sí? —Yo apuesto a que fue Paco, ese tipo se lució esa noche, Sofía casi se vuelve loca. ¡Le aposté diez mil dólares a que es de él! Fue en ese momento cuando entendí que, en realidad, no había sido Nelson con quien pasé la noche de bodas, sino con más de diez de sus supuestos amigos. Enloquecí y fui directo a confrontarlo, pero a él no le importó ni un poco. —¿Por qué tanto drama, si solo estás llorando? Si no fuera por la presión de tu familia, jamás me habría casado contigo. Si no hubieras obligado a Juana a irse, nunca te habría tratado así. —Escúchame bien, Sofía, el día que Juana me perdone, entonces sí, te dejaré en paz. Con el corazón destrozado, pedí el divorcio, pero él usó el video de esa noche para chantajearme y me metió en el sótano. —No te creas que te vas a ir tan fácil. Mis amigos y yo seguimos haciendo apuestas para ver quién es el papá de ese bastardo. Ocho meses después, allí, en ese sótano, perdí a mi bebé... y mi vida. Cuando abrí los ojos, volví al día en que los Torres me pidieron que me casara con Nelson para salvarlos. Esta vez, el día de mi boda, Nelson estaba llorando desconsolado.
Short Story · Romance
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Renací para destruir el trono de mi hermana

Renací para destruir el trono de mi hermana

En mi vida anterior, el día que mi hermana Elsa y yo asistimos a la ceremonia de apareamiento, le salvé la vida a un príncipe de la Sangre que estaba en la ruina: Sebastián de Montoya. Para pagarme el favor, en cuanto regresó a su clan, Sebastián anunció frente a todos que yo sería su esposa. Un año después, traje al mundo a un heredero de sangre pura, el único capaz de reclamar todo el linaje. Ese día, loco de felicidad durante su coronación, selló un pacto de sangre conmigo. Me nombró su reina y su compañera eterna. Desde ese momento, todos los clanes tuvieron que arrodillarse ante mí. Elsa, en cambio, prefirió casarse con el Alfa de una manada de lobos y terminó siendo una más del montón, la amante más insignificante de todas. La envidia la volvió loca: durante un ritual de luna llena, me empujó al abismo, dejándome morir destrozada en la oscuridad. Cuando volví a abrir los ojos, me encontré de nuevo en el día del rito. Vi a Elsa correr desesperada hacia donde el príncipe estaba por caer, y ahí lo entendí todo: ella también había renacido. Pobre Elsa... no sabía en lo que se metió. Ser la prometida del príncipe es la parte fácil. El verdadero reto era ganarse su corazón... y sobrevivir para darle un hijo de su propia sangre.
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Renacer en el Palacio: La Venganza de Carmen

Renacer en el Palacio: La Venganza de Carmen

La boda con Diego Velázquez, heredero al reino, se vio empañada por la tragedia. María de Mendoza, la hija adoptiva de Lola —la nana que había cuidado a Diego desde niño—, se quitó la vida. La encontraron ahorcada, vestida con un traje de novia. El vino de la boda resbaló de las manos de Diego. Tras un largo silencio, soltó con voz fría, sin una pizca de emoción: —Dale una buena suma de dinero a Lola. Y asegúrate de que María tenga un entierro digno. Y no dijo más. Continuó con la ceremonia como si nada hubiera pasado, como si aquello no le afectara. Cinco años después, la víspera de que Diego ascendiera al trono, recibí la noticia: no podía tener hijos. Me envió a un convento, donde pasaría el resto de mis días, con la condición de no volver a pisar el palacio. Esa misma noche, me mostró una fotografía de María y, sin inmutarse, me dijo: —Cuando ella murió, llevaba mi hijo. Si no fuera por la influencia de tu familia en la corte, dime, ¿cómo habríamos terminado casándonos? ¿Y qué habría sido de María? —Carmen Pimentel, no sirves ni para ser madre. Quédate aquí, reza y paga por tus pecados. Ora por el alma de María y de nuestro hijo. En menos de un año, mi familia Pimentel fue acusada de traición y todos fueron ejecutados. Yo, por mi parte, morí de un infarto, desangrándome por la boca. Cuando volví a abrir los ojos, me encontré de vuelta en el día de mi boda, justo antes de entrar al palacio.
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Un Mango Fue el Final de Nuestro Matrimonio

Un Mango Fue el Final de Nuestro Matrimonio

A los siete años, papá llevó a casa a una mujer hermosa y fue ella quien me regaló una caja de mangos. Ese mismo día, mamá me vio comerlos con tanto gusto. Firmó los papeles del divorcio sin decir nada y, poco después, se lanzó del edificio. Desde entonces, el mango se convirtió en la pesadilla que me acompañaría toda la vida. Por eso, el día de mi boda le dije a mi esposo, Héctor Preciado, que si algún día quería divorciarse, solo tenía que regalarme un mango. Él me abrazó sin responder y, desde ese momento, el mango también se volvió su tabú. Cinco años después de casarnos, en Nochebuena, su amiga de la infancia dejó un mango sobre su escritorio. Ese día, Héctor anunció que cortaba toda relación con Violeta Sánchez y la despidió de la empresa. Y ahí sí creí, sin dudarlo, que él era el hombre indicado para mí. Hasta que, seis meses después, regresé del extranjero tras cerrar un trato de cien millones de dólares. En la cena de celebración, Héctor me pasó una bebida. Y, cuando ya me había tomado la mitad del vaso, Violeta, la mujer a la que había despedido de la empresa, apareció detrás de mí con una sonrisa provocadora y preguntó en tono despreocupado: —¿Está bueno el jugo de mango? Me giré para mirar a Héctor con incredulidad. Él apenas contenía la risa. —No te enojes —dijo—. Violeta insistió en que te hiciera esta broma. —No te di un mango, solo jugo de mango. Luego añadió, como si nada: —Pero, creo que Violeta tiene razón: que no comas mango es una manía tuya. —Mira lo feliz que estabas tomándolo hace un momento. Mi expresión se endureció. Levanté la mano, le arrojé el resto del jugo en el rostro y me di media vuelta para irme. Porque hay cosas con las que no se bromea. El mango no lo es. Y mi decisión de divorciarme, tampoco.
Short Story · Romance
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Una Bala por su Verdadero Amor

Una Bala por su Verdadero Amor

Yo solo era una estudiante que no podía pagar la colegiatura. Durante cinco años, también fui la amante secreta del jefe de la mafia Dante Costello. Públicamente, era su restauradora de arte personal. En privado, pasaba las noches haciéndome suya, abrazándome fuerte y besándome hasta dejarme sin aliento. Entonces su familia arregló su compromiso. Con Isabella Rossi. Una princesa de una familia rival. En su fiesta de compromiso, Isabella me clavó un fragmento de cristal roto en el dorso de la mano. Me obligó a disculparme. Con ella. Por haber hecho una escena. Conteniendo las lágrimas, incliné la cabeza ante Isabella. Cuando ella perdió una apuesta y tuvo que jugar a la ruleta rusa; una bala, seis recámaras, él me obligó a tomar su lugar. Me temblaba la mano mientras me apuntaba con la pistola a la cabeza. —Una vez me salvaste la vida —le dije—. Ahora te la devuelvo. En el momento en que desaparecí de su mundo, el despiadado jefe de la mafia que lo tenía todo bajo control... perdió la cabeza.
Short Story · Mafia
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Ecos de un Amor

Ecos de un Amor

Mi novio insistió en escalar de noche la montaña nevada para ver la cascada. Ese mismo día, resbalé y caí desde la cima. Al despertar, descubrí que no solo sufría amnesia, sino que también había perdido una pierna. Incluso mi novio se había convertido en el esposo de mi hermana. De repente, todos me abandonaron. Solo Samuel, mi psicólogo, me guió con paciencia y cuidado. Cuando me propuso matrimonio con flores y un anillo frente a todo el personal médico, creí ver al ángel que había venido a salvarme. Pero seis meses después de casarnos, lo escuché por casualidad hablando con su amigo: —Samuel, parece que la hipnosis de este año ha sido un éxito. Ya ayudaste a Valeria a obtener lo que quería, ¿para qué dar un paso más y casarte con Sofía? —¿Crees que lo deseaba? Es solo por si recupera la memoria y podría hacerle daño a Valeria. Así la vigilo de cerca. —¿Merece la pena hacer tanto por Valeria? Ya antes limpiaste todos sus desastres, ¿y ahora usas a Sofía para eso…? —Haría lo que fuera con tal de ver feliz a Valeria. Samuel apagó el cigarrillo con fuerza y, tras un largo silencio, respondió lentamente: —Además, solo es prestar un vientre… ¡Aprovechar lo inservible!
Short Story · Romance
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EL JUEGO DEL NERD

EL JUEGO DEL NERD

Ganador de los premios People's Choice Awards 2019 a los mejores libros diversos —Ahora conoces mi secreto. Eso es realmente malo, Summers. —Él sonrió. ¡Ese nerd sonrió! Y llámame loca, pero en ese momento, se veía malditamente sexy. —No se lo diré a los demás. —Solté las palabras esperando que le diera la seguridad que necesitaba para que me dejara ir porque aunque se veía muy sexy, también se veía peligroso. Tratando de no temblar, me mordí los labios. Sus ojos captaron el movimiento y se inclinó hacia adelante, llenó mis fosas nasales con el olor a la droga que fumó momentos atrás. Inclinando la cabeza, chasqueó la lengua y sonrió. —Movimiento equivocado. Con eso, golpeó sus labios contra los míos, sacando todo el aire de mis pulmones. Me besó sin piedad. Su lengua se deslizó por la comisura de mi boca y mi mente se quedó en blanco cuando sentí la punta de mencionada acariciar la mía. Al alejarse me observó con una mirada traviesa en su rostro mientras decía—: Ahora voy a ser tuyo. Versión en español de "The Bad Nerd Boy".
Romance
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Traicionada, Rechazo el Vínculo

Traicionada, Rechazo el Vínculo

Durante el ataque vampírico en la frontera, tanto yo como la amiga de la infancia de mi compañero nos vimos atrapadas en el campamento. Sin dudarlo un segundo, mi compañero, Damon, se transformó en lobo y la rescató. A mí me dejó sola, enfrentando un infierno de llamas y la embestida de los vampiros. Al día siguiente, solicité formalmente al consejo de ancianos de la manada que se rompiera nuestro vínculo. Él, con el rostro sombrío, me increpó: —Tienes la sangre de sacerdotisa que te permite sanarte. Lydia es más vulnerable. Por eso la salvé primero. ¿Acaso tienes celos de eso? Lo miré con serenidad y respondí: —Bueno, ahora ya no importa.
Short Story · Hombres Lobo
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Desaparecida en el fuego

Desaparecida en el fuego

En el quinto año de matrimonio, Julieta Torres se quejaba de que la vitamina C que su esposo le había comprado sabía demasiado amarga. Con el frasco en la mano, fue al hospital. El médico lo revisó y dijo: —Esto no es vitamina C. —¿Perdón, puede repetirlo? —preguntó Julieta. —Lo repita cuantas veces lo repita, es lo mismo —señaló el frasco—. Esto es mifepristona. Si la tomas en exceso no solo causa esterilidad, también daña seriamente el cuerpo. La garganta de Julieta se sintió como si algo la obstruyera, y sus manos, aferraban el frasco con fuerza. —Eso es imposible, este medicamento me lo dio mi esposo. Se llama Bruno Castro, también es médico en este hospital. La mirada del doctor hacia ella se volvió extraña, cargada de un matiz difícil de explicar. Al final, sonrió levemente. —Señorita, mejor vaya a consultar a psiquiatría. Todos aquí conocemos a la esposa del doctor Castro, y hace apenas un par de meses dio a luz a un bebé. No se haga ilusiones, muchacha, no tiene caso.
Short Story · Romance
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