El Precio de la Traición
Liana vio las manchas de sangre en la pared y mi cara blanca como papel, la cereza sobre el pastel que era mi cadáver, deformado en un rincón. Pegó un grito y se lanzó hacia Bruno, abrazándolo, llena de terror.
—No tengas miedo, Lia.
Bruno la abrazó, bajando la voz.
—Solo es un muñeco que usaron para montar esta farsa. ¡Michelle, esa desgraciada, se atrevió a armar todo esto para quedarse con nuestra familia y nuestra fortuna!