La venganza de la esposa del CEO
Una sonrisa rota, viciosa, llena de intención.
«Creíste que podrías volver a la vida, pero no. Yo terminaré lo que empecé. No llegué hasta aquí, no me manché las manos, no enterré secretos y cadáveres para que tú vengas a reclamar lo que no te pertenece».
Apenas finalizó la llamada, Felicia salió del despacho con el alma encendida en venganza.
Caminó directo a su auto, sacó su teléfono satelital —el que no podía ser rastreado— y marcó el número de los hombres que la habían fallado la primera vez.