52 Veces Despedida
Mientras tanto, en el camerino del novio, Leandro estaba arrodillado masajeándole la pierna a Clarisa Guzmán, su joven pasante, que había llegado a toda prisa con el tobillo torcido.
Mis padres, al ver la escena, no paraban de negar con la cabeza, decepcionados.
—Mírate... Después de tanto esfuerzo, ¿alguna vez él ha demostrado que realmente le importas?
Todo el mundo sabía cuánto significaba para mí esta boda. Lo mucho que anhelaba que saliera bien. Pero cuando ya era casi la hora de iniciar la ceremonia, Leandro volvió a hacer lo de siempre: cancelar todo a último minuto.
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