MI ESTÚPIDO HERMANASTRO ©
—Juan, que te perdone Dios, él es el único que puede hacerlo, que él se apiade de ti porque yo no soy Dios, no lo haré, púdrete en el infierno y ojalá pagues todo el daño que causaste.
—No seas cruel —una lágrima rodó por su mejilla.
Salí de la habitación sin mirar atrás, solo escuché sus gritos de dolor y suplica, me suplicaba perdón para irse en paz. Tal vez hice mal, pero no podía decirle «te perdono» sino me nacía de corazón hacerlo, un perdón que solo sale de palabras no sirve, de verdad tienes que sentirlo. Soy un ser humano que comete errores como todos, no soy Dios para absolver sus culpas.