LA ESPOSA DEL DIABLO
Tres semanas habían pasado desde el horror en Roma, tres semanas desde que Gisel casi murió, desde que descubrimos que nunca podría ser madre, desde que Emma se fue a Marruecos dejando un vacío que ninguna de nosotras sabía cómo llenar.
La isla se sentía más pequeña ahora. Menos completa.
Terminé el circuito y me detuve, doblándome para recuperar el aliento, el sudor goteando de mi frente. Cuando me enderecé, ella estaba ahí. Diana Molina, veintinueve años, experta en armas de largo alcance, veterana de Flor de Loto por cinco años, y la única persona en este mundo que conocía cada parte de mí, incluso las que yo misma apenas estaba empezando a entender.