La Boda que Nunca Notó
Pero ahora entendía.
Al tercer día, el golpe ya era visible. Un aliado rechazó una cena, un trato desapareció sin explicación y un solo mensaje empezó a circular en un canal privado:
«La estabilidad exige silencio.»
Ted lo leyó tres veces.
Esa noche, Anya dijo como si nada:
—Mañana estará la familia Black Hand. No se te olvide ir.
Sonrió, satisfecha, y, sin añadir nada más, se fue de compras. Segura, llamativa… Nada que ver con la mujer tímida que antes fingía ser.