Se connecterแพทย์สาวได้เกิดใหม่ในร่างนางร้ายพร้อมระบบเทพโอสถ นางพบว่าตนเองกลายเป็นพระชายาของเจิ้นเป่ยอ๋องที่มีฉายาว่าเหี้ยมโหด หญิงสาวจึงใช้ความสามารถทางการแพทย์เปลี่ยนแปลงชะตาไม่ยอมตายอย่างเช่นนางร้ายในต้นฉบับ
Voir plusPrólogo:
El Precio de la Resistencia El sonido de una bofetada es seco, definitivo. Un estallido de piel contra piel que, en el silencio de la calle bajo la lluvia, sonó como un disparo. Elena sentía el escozor en la palma de la mano y el corazón golpeándole las costillas como un animal enjaulado. Frente a ella, el hombre que parecía ser dueño del aire que todos respiraban no se inmutó. Alaric Vossen no se llevó la mano a la mejilla, ni retrocedió. Simplemente giró el rostro lentamente hacia ella, con una calma que resultaba más aterradora que cualquier grito. —En mis libros de psiquiatría lo llaman "mecanismo de defensa" —susurró ella, aunque sus dedos temblaban—. En mi mundo, se llama justicia. Alaric dio un paso al frente, invadiendo ese espacio que ella había jurado proteger desde que escapó de las garras de su tío. El aroma a sándalo y poder de Alaric la rodeó, asfixiante, robándole el oxígeno. Él extendió una mano y, con una delicadeza letal, le apartó un mechón de pelo mojado de la frente. —La justicia es un concepto para los que pueden pagarla, Elena —dijo él, su voz era una caricia de hielo—. Tu tío me debe una fortuna. Tu banco me debe tu vida. Y tú… tú acabas de firmar un contrato que ni todos tus estudios sobre la mente humana podrán ayudarte a romper. Él se inclinó, rozando su oído con los labios, mientras sus ojos oscuros brillaban con la chispa de una obsesión que acababa de nacer. —Me golpeaste porque crees que todavía eres libre. Disfruta esa ilusión esta noche. Mañana, cuando despiertes y descubras que cada puerta que intentes abrir está cerrada con mi nombre, entenderás que no te estoy persiguiendo. Ya te alcancé. CAPÍTULO 1: LA MONEDA DE CAMBIO ELENA El olor a harina siempre ha sido mi refugio. Es un olor limpio, honesto, algo que el mundo no ha podido corromper todavía. Mientras mis manos se hunden en la masa fría a las cuatro de la mañana, puedo pretender que soy una persona normal. Puedo pretender que no tengo cicatrices en la espalda que cuentan la historia de un tío que prefería el alcohol a su propia sangre. Puedo pretender que no soy un fantasma huyendo de sombras que tienen nombre y apellido. —Elena, ponle más fuerza a eso. El pan no se va a amasar solo —la voz de don Mario, el dueño de la panadería, me devuelve a la realidad. Asiento sin mirarlo. Mis nudillos están blancos. Cada vez que empujo la masa, imagino que es el pecho de uno de esos hombres a los que mi tío Julián me "prestaba" cuando las deudas apretaban. Tenía diez años la primera vez. Doce la segunda. A los dieciocho, decidí que prefería morir de hambre en la calle que seguir siendo la moneda de cambio de un ludópata. Ahora estudio psiquiatría de noche, en una universidad pública que apenas puedo pagar, con libros de segunda mano que tienen las esquinas comidas por la humedad de mi apartamento. Quiero entender qué hay en la cabeza de los monstruos. Quiero saber si nacen así o si el mundo los moldea hasta dejarlos sin alma. A las siete de la mañana, la primera tormenta de la temporada golpea los cristales de "La Espiga". Me limpio el sudor de la frente con el dorso de la mano, dejando un rastro de harina. Me siento cansada, una fatiga que me cala hasta los huesos y que no se quita con dormir. Entonces, lo veo. Un coche negro, largo y brillante como un ataúd de lujo, se estaciona frente al local. En este barrio, un vehículo así es una anomalía, un depredador en un corral de gallinas. Siento un escalofrío que no tiene nada que ver con el aire acondicionado. Es ese instinto que desarrollé en las habitaciones oscuras de mi infancia el instinto de la presa que sabe que está siendo observada. La puerta del copiloto se abre y un hombre sale bajo un paraguas que sostiene un guardaespaldas. Pero no es el guardaespaldas quien me roba el aliento. Es el hombre que camina hacia la entrada con una elegancia que me resulta insultante. La campana de la puerta suena. El aire cálido del horno muere al instante, reemplazado por un frío gélido y un perfume que huele a sándalo, dinero y peligro. Él se queda ahí, de pie, mirando el local con un desprecio mal oculto. Sus ojos son de un gris metálico, como el cañón de una pistola. Cuando su mirada encuentra la mía, siento que me atraviesa. No me mira la cara; parece estar mirando mi historial médico, mis secretos, mis miedos más profundos. —Tres cafés negros. Sin azúcar —dice. Su voz es profunda, una vibración que se me instala en el vientre y me da náuseas. Mis manos tiemblan mientras preparo los vasos. Siento su mirada en mi nuca, fija, pesada. Me acerco al mostrador con los cafés, tratando de mantener mi máscara de indiferencia. —Son seis dólares —digo, intentando que mi voz no tiemble. Él no saca una billetera. Se apoya en el mostrador, invadiendo mi espacio personal. Su presencia es asfixiante. Huele tan bien que me marea, un contraste violento con el olor a levadura y sudor del local. —Elena Mendoza —pronuncia mi nombre como si lo estuviera saboreando, como si fuera una cifra en un contrato—. Un apartamento en la calle 4ta, tercer piso. Estudiante de cuarto año de psiquiatría. S obrina de Julián Mendoza. El mundo se detiene. El vaso de cartón en mi mano se deforma bajo mi agarre. El pánico, ese viejo conocido, sube por mi garganta como bilis. —¿Quién es usted? —mi voz es un susurro roto—. ¿Lo envía mi tío? Él suelta una risa corta, seca, que no llega a sus ojos. —Tu tío no tiene el nivel para hablar conmigo, Elena. Él me debe algo que no puede pagar con dinero. Y me ha dado algo mucho más interesante como garantía. Su mano se extiende y rodea mi muñeca. Sus dedos son largos y fuertes, apretando justo donde late mi pulso acelerado. La humillación de ser tratada de nuevo como un objeto estalla dentro de mi pecho. No pienso. No analizo. Mi mano libre vuela por el aire y aterriza con un golpe seco en su mejilla izquierda. El sonido resuena en toda la panadería. Mi mano arde. El silencio que sigue es tan denso que puedo oír la lluvia golpeando el pavimento afuera. Él no me suelta. Gira la cara lentamente hacia mí. Una pequeña gota de sangre asoma en su labio superior. Sus ojos grises, antes fríos, ahora brillan con una luz oscura, casi hambrienta. Se pasa la lengua por el labio, probando su propia sangre, y me mira con una sonrisa que me hiela la sangre. —Me gusta el fuego, Elena —susurra, acercándose tanto que su aliento cálido golpea mi piel—. Pero ten cuidado. El fuego que no se controla, termina por consumirse a sí mismo. ALARIC VOSSEN La bofetada todavía escuece en mi rostro, y es la sensación más real que he tenido en años. Miro a la mujer frente a mí. Elena Mendoza. En las fotos de los informes de mis investigadores parecía una chica rota, una superviviente más de los suburbios. Pero en persona... en persona es una llamarada en medio de una tormenta de nieve. Tiene los ojos grandes, de un marrón profundo que destila un odio purísimo, un odio que me resulta fascinante. He comprado bancos, he destruido imperios financieros con una firma y he mandado a hombres a la tumba sin parpadear. Nada me emociona. El mundo es un tablero de ajedrez aburrido donde siempre gano. Hasta hoy. Esa bofetada ha sido el primer "no" que recibo en una década. Su muñeca es pequeña en mi mano, tan frágil que siento que podría romperla si perdiera el control. Puedo sentir su corazón galopando contra mis dedos, como un pájaro atrapado. Está aterrada, lo huelo, pero se mantiene firme. Esa valentía es lo que la va a destruir. O lo que me va a obsesionar hasta que no quede nada de ella. —Suélteme —sisea ella entre dientes. —No te voy a soltar, Elena. Nunca más —le respondo, y lo digo en serio. Desde el momento en que su tío entró en mi oficina llorando, rogando por una prórroga de su deuda y ofreciendo la ubicación de la sobrina que "tenía un valor especial", supe que ella sería mía. No por la deuda, sino porque necesitaba algo que me hiciera sentir vivo. Y ver ese odio en sus ojos me hace sentir más vivo que cualquier cifra en una cuenta bancaria. Suelto su muñeca, pero no me alejo. Me gusta ver cómo intenta recuperar el aliento. Me gusta que sepa que, aunque mis manos no la toquen, mi sombra ya la ha envuelto. —Disfruta tu turno, Elena —le digo, tomando uno de los cafés. Está hirviendo, pero no me importa—. Mañana no habrá panadería. Mañana no habrá universidad. Solo estaremos tú y yo, ajustando las cuentas de tu familia — Recuerda muy bien Elena lo que Alaric vossen te dice. Salgo de la panadería bajo el paraguas que sostiene Miller. Me subo al coche y me limpio la mancha de harina de mi traje. Es el polvo de su mundo manchando el mío. —Señor Vossen, ¿quiere que nos encarguemos de la chica? —pregunta Miller desde el asiento del conductor. Miro por la ventanilla. A través del cristal empañado, veo a Elena apoyada en el mostrador, temblando. Se ve tan pequeña, tan sola. —No la toques, Miller. Si alguien le pone una mano encima, le cortaré las suyas —mi voz es gélida, definitiva—. Ella es de mi propiedad exclusiva. Empieza el proceso de adquisición del edificio. Quiero que para esta noche, ella no tenga más techo que el que yo le proporcione. Reclino el asiento y cierro los ojos, saboreando el rastro de metal en mi boca. Elena Mendoza cree que me ha golpeado y que eso la hace fuerte. No sabe que acaba de encender un hambre en mí que solo se saciará cuando me pida, de rodillas, que la destruya por completo. Elena lo vio subir a su coche blindado, dejándola sola en la oscuridad. No sabía que, en ese preciso momento, las deudas de su pasado se habían fusionado con el hambre de un hombre que no aceptaba un "no" por respuesta. Ella quería estudiar a los monstruos para entender cómo huir de ellos. Lo que no sabía era que el monstruo más peligroso de todos acababa de comprar su destino, y no aceptaba devoluciones.ตอนพิเศษ เมื่อพยัคฆ์ต้องยกน้ำชาให้สุนัข?ภายในห้องนอนอันหรูหราที่อบอวลไปด้วยกลิ่นหอมอ่อน ๆ ของกำยานสมุนไพร เซียวอวี้หานนั่งขมวดคิ้วจ้องมองถ้วยน้ำชาในมือสลับกับมองที่ว่างกลางอากาศเบื้องหน้าตนเองด้วยแววตาสับสน“หว่านหนิง เจ้าแน่ใจนะว่าต้องทำถึงเพียงนี้?” ท่านอ๋องผู้ปลิดชีพศัตรูนับพันในสนามรบ เอ่ยถามภรรยาด้วยน้ำเสียงที่เต็มไปด้วยความไม่มั่นใจเป็นครั้งแรกในชีวิตเว่ยหว่านหนิงพยักหน้ายืนยันอย่างหนักแน่น นางพยายามกลั้นยิ้มจนแก้มตุ่ย “เพคะท่านอ๋อง ท่านเทพผู้คุ้มครองหม่อมฉันเขาช่วยเราไว้มาก หากไม่มีเขา หม่อมฉันคงปรุงยารักษาท่านไม่สำเร็จแน่ ท่านเพียงแค่ยกถ้วยขึ้นแล้วกล่าวคำขอบคุณเบา ๆ ก็พอเพคะ”ในหน้าต่างระบบยามนี้เจ้ามอลทีสขนฟูกำลังสวมหมวกขุนนางใบเล็ก นั่งไขว่ห้างลอยตัวอยู่บนอากาศด้วยท่าทางพองขนอย่างภาคภูมิใจ[หึ ๆ ดูท่าทางเจ้ามนุษย์ตัวโตนี่สิ! ยามอยู่ข้างนอกทำวางอำนาจ พอกลับมาหาเมียก็กลายเป็นลูกแมวเชื่อง ๆ เสียได้ เอ้า! รีบยกน้ำชามาขารวะข้าเสียดีๆ]เซียวอวี้หานถอนหายใจยาว แม้เขาจะมองไม่เห็นตัวตนของท่านเทพที่นางว่า แต่เขาก็ยอมทำตามใจนางทุกอย่าง เขาประคองถ้วยชาด้วยสองมืออย่างสง่างามและนอบน้อม
บทที่ 27เจ้ารักข้าหรือไม่ ENDภายในมิติสมุนไพรเว่ยหว่านหนิงกำลังจดจ่ออยู่เบื้องหน้าเตาต้มยาโบราณ แสงไฟจากฟืนไม้จันทน์ทอแสงวูบไหวสะท้อนในดวงตาคู่สวยที่เต็มไปด้วยความมุ่งมั่น มือบางค่อย ๆ บรรจงวางหญ้าน้ำค้างสวรรค์ที่มีเกล็ดน้ำแข็งใสระยิบระยับลงในหม้อดินเผาทันทีที่สมุนไพรนั้นสัมผัสกับน้ำเดือดพล่าน กลิ่นหอมสะอาดสดชื่นที่ช่วยให้จิตใจปลอดโปร่งก็ขจรขจายไปทั่วบริเวณ กลบกลิ่นขมปร่าของสมุนไพรชนิดอื่นจนสิ้น ทิ้งไว้เพียงไอยาที่ให้ความรู้สึกเย็นสบายอย่างน่าประหลาด[นั่นแหละมนุษย์ต่ำต้อย! ค่อยๆ เร่งไฟขึ้นอีกนิด]เจ้าหมามอลทีสขนฟูในหน้าต่างระบบตะโกนสั่งการ พลางทำท่าเดินตรวจตรากลางอากาศด้วยท่าทางกระตือรือร้นเกินเหตุ“ข้ารู้แล้วน่ะ เจ้าเลิกกระโดดไปมาเสียที ข้าเสียสมาธิหมด” หว่านหนิงปาดเหงื่อที่ผุดพรายบนหน้าผากเนียน ขณะที่ใช้ทัพพีไม้เคี่ยวยาด้วยจังหวะที่สม่ำเสมอ[หึ ๆ เจ้ากลัวเสียสมาธิ หรือกลัวว่ายาจะไม่ได้ผลจนช่วยสามีสุดที่รักของเจ้าไม่ทันกันแน่?]เจ้าลูกหมาตัวแสบแสยะยิ้มกวนประสาท แววตาเจ้าเล่ห์จ้องมองปฏิกิริยาของนาง[ข้าล่ะไม่อยากจะเชื่อสายตาจริง ๆ ตอนแรกยังทำท่าจะฆ่าจะแกงกันอยู่เลย ไฉนยามนี้ถึงได้
บทที่ 26หมดสิ้นบุญคุณภายในห้องลับชั้นบนสุดของโรงน้ำชาที่ตั้งอยู่ตรงหัวมุมถนนอันเงียบเหงา กลิ่นควันธูปไม้จันทน์หอมฟุ้งกระจายไปทั่วห้อง เผยอวี้เฉิงนั่งอยู่หลังโต๊ะไม้แกะสลัก ใบหน้าที่เคยประดับด้วยรอยยิ้มประจบประแจง บัดนี้กลับบิดเบี้ยวด้วยแววตาที่เต็มไปด้วยความทะเยอทะยานและความละโมบเขากำลังกางแผนผังของลานพิธีรับชัยที่กำลังจะเกิดขึ้นในอีกไม่กี่วันข้างหน้า โดยมีลูกน้องคนสนิทสองคนนั่งร่วมวางแผนด้วยท่าทีเคร่งขรึม“ครั้งที่แล้วมือสังหารทำงานพลาดปล่อยให้มันรอดกลับมาได้!” เผยอวี้เฉิงตบโต๊ะเสียงดังปังจนถ้วยน้ำชาสั่นสะเทือน “แต่คราวนี้ข้าจะไม่ยอมให้เกิดคำว่าผิดพลาดเป็นอันขาด”“แต่ท่านแม่ทัพขอรับ ยามนี้เจิ้นเป่ยอ๋องดูเหมือนจะระแวดระวังตัวมากขึ้น ทหารองครักษ์ก็เฝ้าอยู่รอบตัวแน่นหนา การเข้าถึงตัวคงมิใช่เรื่องง่ายเลย” ลูกน้องคนสนิทเอ่ยท้วงด้วยน้ำเสียงกังวลเผยอวี้เฉิงยกยิ้มเย็นชาแววตาฉายแววเจ้าเล่ห์ “ใครบอกว่าข้าจะส่งคนไปฟันดาบใส่มันตรง ๆ ในงานพิธีรับชัย ทหารและชาวเมืองเป่ยหลิงนับหมื่นจะมารวมตัวกัน ความวุ่นวายคืออาวุธที่ดีที่สุด”เขาใช้นิ้วชี้ไปที่จุดหนึ่งในแผนผังซึ่งเป็นปะรำพิธีสูงชันที่เซียวอวี้
บทที่ 25ข้าจะปกป้องเจ้าเองท่ามกลางตลาดที่เคยพลุกพล่านด้วยการจับจ่ายบัดนี้กลับคละคลุมไปด้วยบรรยากาศอันอึมครึม หัวข้อสนทนาที่ถูกส่งต่อกันตามร้านน้ำชาและหัวมุมถนนมิใช่เรื่องพืชพรรณธัญญาหารอีกต่อไป ทว่ากลับเป็นเรื่องอื้อฉาวของสตรีสูงศักดิ์ที่กล้าเหยียบย่ำกฎเหล็กของแผ่นดิน“เจ้าได้ยินหรือไม่? ที่แท้ข่าวที่ว่าพระชายาแอบติดตามท่านอ๋องไปในสนามรบนั้นเป็นเรื่องจริง!” สตรีวัยกลางคนนางหนึ่งขยับตะกร้าผักในมือพลางลดเสียงต่ำแต่แฝงความตื่นตระหนก “นางเป็นสตรี แต่กลับกล้าเข้าไปปะปนในค่ายทหารที่มีแต่บุรุษ ช่างไร้ยางอายเสียจริง!”ชายชราผู้หนึ่งที่กำลังนั่งจิบน้ำชาแค่นหัวเราะพลางส่ายหน้า “กฎอัยการศึกมีไว้เพื่อปกป้องบ้านเมือง ห้ามสตรีเข้าใกล้กองทัพมาแต่โบราณกาล แต่นางกลับใช้ความเป็นพระชายาข้ามหัวเหล่านายกอง นี่มิใช่เป็นการดูหมิ่นเกียรติภูมิของเหล่านักรบหรอกหรือ?”“ข้ามิได้ห่วงเรื่องกฎเพียงอย่างเดียวหรอกท่านลุง” ชายหนุ่มอีกคนแทรกขึ้นด้วยแววตาวิตกกังวล “โบราณว่าไว้สตรีคือหยินที่อ่อนช้อย หากเข้าไปปะปนในสถานที่ที่มีไอหยางคุกรุ่นอย่างค่ายทหาร ย่อมทำลายโชคลาภและวาสนาของกองทัพ ข้าล่ะเกรงนักว่าศึกครั้งหน้า ทหารข
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