De Su Amor a Su Venganza
Aun traicionado por la mujer en la que más confiaba, el instinto de vivir lo impulsó con una fuerza increíble: se aferró al barandal con ambas manos, negándose a caer, y al darse cuenta de la intención de su esposa, intentó negociar su propia salvación.
—Mirna, si te enamoraste de otro y quieres el divorcio, te dejo ir sin problemas. Si necesitas dinero para casarte otra vez, te doy todo lo que tengo. Vendo la casa, te quedas con todo. Solo quiero a Inés. Cuidarla, protegerla, estar con ella. No quiero nada más: ni dinero ni prestigio. ¿Está bien así?
Los ojos del hombre se llenaron de lágrimas. Edgar, escondido entre unos arbustos, pudo notar que aquellas palabras eran sinceras, nacidas de