La Dulce Amargura del Ramo de Lágrimas
Me apoyé contra la pared, observando en silencio.
Cuando Julián abrió la puerta, traté de entrar detrás de ellos, pero me detuvo.
—Primero entra Violeta.
Damián se agachó con ternura.
—Violeta, amor, ya llegamos.
Nunca lo había visto así.
Ella tardó varios segundos en despertar.
—¿Ya llegamos?
Julián se apresuró a ayudarla a bajar.
Las luces de la casa se encendieron. Todo, desde las paredes hasta los muebles, era rosa, blanco, suave… Estilo princesa. Todo para ella.
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