El perfume de la belleza
Mis puños se relajaron, sin fuerza, casi como si fueran inútiles.
Por fin reconocí cómo estaba en ese momento.
Ja... sí, supongo que me sentía como un perro.
Un perro que, para pagar sus deudas, mueve la cola y suplica.
Soy el esposo de Daniela, pero todo esto era solo una fachada, un papel que tenía que interpretar.
¿En algún momento llegué a creer que era real?
¿Que aquel lugar realmente podía ser mi hogar?
Un hogar donde tenía una esposa hermosa, una cuñada sensual, una suegra amable y elegante, y una hija adorable...
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